Escritura,  Libros,  Mis escritos,  Vida Diaria

Todo el mundo tiene una historia

Una de las dudas más grandes que tuve y tengo actualmente cuando me pongo a escribir es el pensamiento que esa idea ya ha sido escrita por alguien más, que no es original, que alguien puede pensar en la misma idea que yo, que no es buena o que simplemente no tengo nada que contar como para que las personas se interesen en lo que escribo.

Literalmente, en mis primeras clases de Creación Literaria, una de las primeras preguntas que le hice al profesor y a la clase fue ¿Cómo saber si alguien más ya escribió lo mismo que yo?, ¿Cómo saber si no es un plagio?, ¿Cómo sé que mi idea es buena o que será leída por las personas?

En el tiempo que llevo escribiendo, estudiando y aprendiendo, me he dado cuenta que todas esas dudas se resumen a una sola afirmación “Todo el mundo tiene una historia que contar” y es algo que confirmé después de leer otro libro de mi autora favorita: Cecelia Ahern.


«Cien nombres» es el título de esta novela que cuenta cómo una periodista llamada Kitty Logan se embarca en la creación de una historia de la que no sabe absolutamente nada salvo que tiene una lista con cien nombres de personas escritos y no sabe quiénes son, qué hacen o cuál es su conexión.

Kitty decide visitarlos y conocerlos, pero sólo tiene dos semanas para entregar el artículo y en ese tiempo le será imposible entrevistarse con cada uno de los cien para poder redactar la historia.

Después de varias entrevistas, reuniones y pláticas, se da cuenta que no hay nada que conecte a esas personas, simplemente son habitantes de la Ciudad que tienen una historia para contar así como los otros cien de la lista y como los millones de habitantes del planeta Tierra.

Existe alguien que quiere conocer nuestra historia

En el libro hacen mucho énfasis en que creemos que nuestra vida es aburrida, que no tenemos nada que contar, que no hemos hecho nada relevante o divertido, que a nadie le interesa lo que hacemos o lo que hicimos, pero esto es algo muy alejado de la realidad.

¿Cuántas veces hemos soñado algo increíble que quisiéramos contarlo a todo el mundo? Yo puedo confesar que muchos de mis borradores e historias más locas han salido de mis sueños y aunque no he sido capaz de escribirlos por razones ajenas, esas ideas, esos temas, esas historias ahí están, sólo me hace falta aterrizar.

¿Cuántas veces hemos vivido algo divertido, tétrico, diferente y que no podemos olvidar? Y no me refiero a un viaje o haber ganado un premio, pero tal vez haber escalado un cerro, conocer la playa y ver delfines a lo lejos; haber degustado una comida diferente; haber trabajado en un museo a altas horas de la noche, haber encontrado una librería escondida; correr bajo la lluvia y caerte en un charco, declararse y ser rechazado…se me ocurren miles, miles de situaciones que hemos vivido a diario y que serían una buena historia, un buen inicio, un excelente momento o sólo una escena para continuar con algo mejor. 

Por otro lado, todos hemos vivido momentos difíciles o momentos que nos marcaron de por vida: una enfermedad, la muerte de un ser querido, un corazón roto, la pérdida de algo o alguien importante; y al mismo tiempo hemos superado muchos problemas de la vida, hemos salido adelante, hemos viajado, hemos amado, hemos sonreído, hemos llorado, odiado y gritado. La vida se llena con cada pedazo de nuestra existencia, aunque sean vivencias buenas o malas. Y ahí están, esperando a ser contadas. 

La próxima vez que no sepas qué escribir puedes recordar a ese primer amor, a tu mascota que murió, a un chico que te coqueteó en el metro, a esa chica que se acercó para invitarte un café. Recuerda aquel trabajo en el que viviste experiencias raras o diferentes, aquel viaje en carretera, cuando estabas estudiando la carrera, la vivencia en el mejor concierto de tu vida, las locuras que hiciste en secundaria o aquel atardecer cuando caminabas por una calle desconocida.

Tal vez no escribiremos una novela, pero sí un poema, una canción, un artículo, una frase o un micro cuento y mientras estés contando esa vivencia te darás cuenta que sí tienes algo qué decir y que esa experiencia no se parecerá en nada a la de otra persona, podrás vivir lo mismo, pero no sentir igual y es en ese momento cuando tu escrito se vuelve único. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *