Mi Viaje por #Japón: La cultura de lo kawaii

Antes que nada voy a dejar algo en claro ¡Odio el uso que se le ha dado a la palabra kawaii en todo el mundo! y no porque sea un significado malo, sino porque las personas usan la palabra en su día con día, en el uso cotidiano del lenguaje y así como me da un espasmo cada vez que escucho a alguien decir “me dio justo en el kokoro (corazón)”, el uso de la palabra kawaii me pone los pelos de punta, pero, después de sacar toda mi frustración, he de confesar que la “Cultura de lo Kawaii” en Japón es algo que me encanta y que cuando estuve en el país del Sol Naciente no pude evitar observar, amar, emocionarme y disfrutar. Eso sí, sin decir ni una vez la palabra kawaii aunque mi alrededor lo ameritaba.

Pero te preguntarás ¿Qué demonios es kawaii?, ¿A qué te refieres con “la cultura de lo kawaii”? En primer lugar debo mencionar que el nombre no se lo puse yo, me lo dijo un amigo mío mientras se burlaba de mí por decirle que odiaba la palabra, pero amaba el significado; además, me sirvió perfectamente para el título de la entrada y para escribir sobre Japón que hacía siglos que no lo hacía. En segundo lugar, la palabra kawaii es japonesa y significa: bonito, lindo, tierno; ya sea en juguetes, personas, comportamientos, muñecos, animales, ilustraciones, etc. Y por último, no todo lo kawaii me gusta, porque sinceramente hay algunas cosas, situaciones o moda que no soporto, me desagrada o raya en lo ridículo para mí, pero he de confesar que no soy ajena a esa cultura que, cuando vas a Japón, no puedes pasar desapercibida.

Muñecos, dibujos, mascotas…todo un mundo kawaii

Cuando llegas a Japón, no tardarás nada para encontrarte con ese mundo lleno de dibujos, animalitos, caritas graciosas y demás “cositas lindas” que distinguen al país. Si llegaran a preguntarme: ¿además de geishas, anime y samurais, qué distingue a Japón de los demás países? respondería sin duda “El Mundo Kawaii” porque para todo, y repito, para todo, utilizan dibujos, animales, objetos con rostro, ilustraciones bonitas, adornos, mascotas; ¡incluso hasta la comida es kawaii! y lo mejor de todo es que lo usan en todo: para los menús, los restaurantes, las tiendas, anuncios, ropa, figuras, libretas, estampas, coleccionables, herramientas, tiendas, transporte, utensilios de cocina…¡es todo un mundo!

Sin ir más lejos,  tu primer encuentro con esta cultura es en el metro ya que puedes observar carteles divertidos para que las personas sepan cómo comportarse en los vagones o para que los niños no estén metiendo las manos en las puertas del tren. También puedes encontrar muchos establecimientos de comida, ropa o libros cuyos anuncios son mascotas de frutas o animales con lindas expresiones que te invitarán a entrar a comprar lo que sea que vendan dentro. También podrás observar que los vagones o los camiones están adornados con anime o animalitos y hasta cuando están limpiando el tren bala antes de salir de la estación, utilizan un letrero de espera con un pollito que te dice que esperes un momento.

Puedes ir por las calles y ver anuncios todos monos de restaurantes, farmacias, las coladeras o cuando te estás acercando a un lugar turístico como los acuarios. Los parques están llenos de letreros lindos que te explican que no alimentes a las aves o recojas los desechos de tus mascotas. Los establecimientos están adornados con ilustraciones graciosas y bonitas o hasta las mismas tiendas tienen ese aspecto kawaiioso para que entres y consumas todo lo que hay dentro. Incluso, hasta cuando están construyendo, tienen la delicadeza de utilizar algo lindo, la verdad es que la creatividad japonesa no tiene límites.

Por otro lado, los japoneses son buenísimos para que su mercancía entre en el mundo del kawaii ya que muchos de los artículos que venden de anime, videojuegos o películas, entran en este mundo debido a toda la cantidad de peluches, toallas, figuras, tazas y libretas. También los utensilios de cocina como azucareras, teteras o hasta para hacer onigiris (bolas de arroz rellenas) con forma animal para adornar las cajas bento (lunch japones), que por cierto, también son preciosas. La ropa entra en la categoría y no sólo para Lolitas o cosplay, sino para el uso diario o para mascotas.

Algo que me sorprendió mucho del mundo kawaii y del diseño japonés en general que me encanta, es el detalle kawaiioso de las bolsas de las compras, de los menús en los restaurantes, de los mapas, de las guías, la mercancía hecha a mano, hasta las cajas y las etiquetas; incluso puedo decirles que los tickets de compra y las revistas que encuentras en los supermercados. Toda la papelería es un mundo (del cual ya hablaré), las libretas y las plumas; los lápices y estampas, ¡los post-its! Japón no dejará de sorprenderte si te gustan estas cosas y si quieres conservar las cajas o las bolsas donde te entregaron todo lo que compraste.

Por otro lado, en algunos establecimientos hacen concursos para ganarte algo, tal vez una taza o un póster y, además de ser una experiencia divertida y kawaiiosa, los sellos, las estampas o lo que sea que tengas que juntar tienen ese toque bonito de colección que te va a encantar porque en Japón así es, todo tiene que ver con “cositos lindos”, “actividades lindas” y “regalos lindos”.

Pero donde de verdad morí de un ataque de azúcar fue con la comida, no sólo por sus ricos sabores, sus postres deliciosos y porque lo único a lo que he ido a Japón es ir a comer (bueno, hay otra razón de peso, pero mentiría si dijera que no me la pasé comiendo); sino porque el mundo kawaii también está presente en la gastronomía y es dulce, hermoso, bellísimo y encantador. No hay palabras para expresarlo, lo mejor sólo es comerlo porque, además de rica, sus diseños preciosos harán de tu comida una delicia, o bueno, para mí lo fue.

Japón puede ser muchas cosas, pero la verdad es que este mundo no pasará desapercibido en ningún momento, es algo cultural, algo del día a día, algo que verás en todos lados y a cualquier momento y que te encantará o sorprenderá seas hombre o mujer, niño o adulto porque, las cosas bonitas siempre nos llamarán la atención.

 

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