#MiViajePorJapón: A dos años de la segunda vez en Japón

Es verdad que la nostalgia siempre llega cuando recuerdas que hace algunos años estuviste planeando un viaje, corriendo en el aeropuerto y creando nuevas aventuras y recuerdos. Pero también es cierto que esos pensamientos ayudan a crear unos nuevos, a escribir de ellos, aprender y quedarse con el sentimiento de que hiciste algo increíble en tu vida.

Escribo esto porque, hace exactamente dos años estaba abordando el avión que me llevaría a Japón por segunda vez. Hace dos años estaba como loca junto a @ayanamihitomi en el aeropuerto de Canadá esperando a que llegaran las más de diez pesadas, angustiantes y aburridas horas para llegar al país del sol naciente.

Confieso que odio el trayecto México-Japón-México. ¡Es horrible! Y más cuando tienes que hacer una escala de cinco a siete horas para esperar el vuelo. De ida la emoción te mantiene despierta, intranquila y contenta, pero de regreso, la tristeza de volver a tu país y dejar atrás todos los sueños hace que la espera sea angustiante, larga, difícil y hasta con ganas de querer matar a alguien. El viaje es pesadísimo, no importa si es de ida o vuelta; estar cerca de quince horas sentado, encerrado en cuatro paredes y donde no hay forma de salir al menos de que te quieras aventar al océano y perderte para siempre, es estresante, casado y horrible; porque llega un momento en el que no sabes si leer, dormir, comer, ver una película o quedarte viendo sin expresión alguna al asiento de enfrente esperando a que mágicamente te materialices en Japón.

Pero, cuando llegas al país, todo ese sufrimiento se te olvida, para comenzar de nuevo con la aduana y aunque no es tan problemática, la sensación de estrés, nervios y cansancio se te quita cuando te subes al NEX (el tren que te lleva de Narita a Tokio) y comienzas a recorrer el suelo Nipon.

Las experiencias están desde que te decides visitar el país, sea cual sea, y la aventura comienza cuando empiezas a ver papeles, pasaporte, boletos y demás asuntos; pero cuando la vivencia de verdad hace efecto es cuando tus zapatos están bien puestos en el suelo del país, porque es algo nuevo, porque no lo conoces, porque no sabes qué te deparará la vida en los siguientes días y ser partícipe de eso, de esa incertidumbre, provoca sensaciones imposibles de describir en pocas palabras.

TODO UN MUNDO DE LOCURAS

Este segundo viaje fue memorable y extremadamente…maravilloso (y estúpido), ya que cometí más de mil errores, me extravié cien veces, perdí el tren bala dos veces; conocí al amor de mi vida, comí como una gorda, casi me corren del tren; asistí al concierto más triste, mágico, amoroso y doloroso de mi vida en el que lloré, brinqué, y en el que entregué mi alma, mi corazón y mi ser como nunca antes; asistí a otros dos de los que aprendí mucho; conocí la nieve, las sakuras, el mar, el río; a las geishas, a los venados y hasta el mundo de Harry Potter.

Fui partícipe de groserías, de la amabilidad japonesa; de las dos caras de la moneda y los lugares más asombrosos del país, llenos de magia, de espiritualidad y naturaleza. Pero sobre todo, encontré nuevamente la paz, mis sentimientos, mi esencia y mi camino al recorrer las calles solitarias y al ver la belleza que te otorga cada lugar, cada estación, cada planta y cada sonido.

Como este viaje lo disfruté con mi mejor amiga, las risas nunca faltaron, las tonterías, la vergüenza, las metidas de pata, los ridículos y hasta los enojos y peleas; todo para crear uno de los viajes más memorables, emblemáticos, divertidos y profundos de mi vida; un viaje que repetiría más de mil veces, para volver a vivir esos segundos, minutos, horas y días de diversión, amor, lágrimas, locuras y aventuras.

DIARIOS DE JAPÓN PARTE DOS

Hace algunos meses terminé la primera parte de mi libro titulado Diarios de Japón, en el que relato mi primer viaje y lo que viví y aprendí en él, pero en estos momentos comenzaré a escribir la parte dos, donde escribiré a detalle este segundo viaje y ¡qué mejor que comenzar a hacerlo en su segundo aniversario!, porque tengo fresco todo, ya que los sentimientos están conectados en cada recuerdo, en cada fotografía y en cada memoria. Es el momento perfecto para escribir esta segunda parte, ya que relatar los sucesos vividos ya no duelen tanto, al contrario, me alegran y me llenan el alma como esa vez en que visité un templo, hice origami mientras platicábamos de Jun Matsumoto, me despedí de mi banda favorita, me quedé a dormir en un ryokan, palpé la fría nieve, disfruté del olor de las sakuras o tuve frente a mí a una verdadera geisha.

 

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