Mundología: El molino perdido al sur de la Ciudad de México

Caminar en solitario es una de mis prácticas favoritas ya que, además de ayudarme con la ansiedad, liberar mi mente y ejercitarme, hace que me pierda por calles y explore lugares secretos e interesantes; sitios que no ves en alguna guía o en un mapa y que hace de la experiencia un placer debido a descubrir espacios místicos, diferentes y nuevos.

Hace algunos meses fui a una entrevista laboral cerca de Gran Sur, en un foro de grabación. El lugar estaba construido como en un barranco y mientras caminabas por el estacionamiento para llegar al edificio, podías ver las casas que se levantaban en la colina que rodeaba el terreno. Una de ellas llamó mucho mi atención. Se trataba de un molino de viento de color blanco; las paredes adornadas con rombos rojos hacían juego con sus aspas carmesí que estaban estáticas por la falta de aire y la punta, parecida a un octágono, alojaba unas ventanas que reflejaban la luz del sol. Me sorprendí al verlo apacible, pero a la vez dominante entre tantas casas. ¿Quién había visto un molino en plena ciudad?

Al terminar la entrevista, salí del lugar y no pude dejar de pensar en el molino que me llamaba en silencio para visitarlo, para descubrir qué hacía ahí o lo que era realmente. Mi instinto aventurero, curioso y de escritora me decía a gritos que revelara su paradero y sus secretos; que llegara a él.

Me puse los audífonos para acompañar mi travesía con música, me orienté mirando alrededor y caminé hacia Avenida del Imán para entrar en esas calles que jamás había visitado. El molino no estaba tan alejado de la orilla del barranco por lo que debería encontrarlo en la primera o segunda calle, pero mis suposiciones no fueron correctas. Sólo encontré calles cerradas que mostraban casas, casas y más casas. No me rendí a pesar del calor y que los zapatos me estaban lastimando el tobillo. Entré a la tercera calle y un policía me detuvo en la entrada.

—¿Qué buscas? —preguntó con formalidad.

—En la calle de Gran Sur vi un molino y me gustaría verlo de cerca. Ya revisé las otras dos calles, pero no lo he visto. ¿Usted no sabe de alguno?

—¿Un molino? No, estas son calles cerradas y no he visto algo parecido por aquí —respondió. Temía que sucediera algo así. El estar merodeando por las calles atrae miradas. Lamentablemente no somos libres de caminar por donde nos plazca.

—Bueno, gracias. —Me alejé de la puerta.

—Espero lo encuentres.

—Gracias.

Quise irme a casa y rendirme en mi búsqueda. Encontrar un molino de viento no era tan importante. Caminé hacia la avenida cuando un callejón convertido en un pequeño parque se atravesó en mi camino. Me senté en uno de los columpios para descansar y disfrutar de la soledad y silencio del jardín. ¿Dónde estaba mi molino? ¿En verdad había visto uno? No podía estar tan alejado, entonces ¿Por qué no lo encontraba? Empecé a cantar mientras me mecía, las fuerzas regresaron a mí. Si estuviera dentro de una aventura en busca de dragones no me rendiría tan fácil. Escogí una playlist de música épica y me puse de pie, no podía abandonar mi búsqueda; tenía que llegar hasta el final y hallar el molino. Tal vez en su interior había un tesoro, la entrada a otra dimensión o nada, más que la satisfacción y honor de completar mi tarea.

Caminé sin mirar atrás, con la firme convicción de resolver el misterio del molino de viento y cuando giré en la esquina para adentrarme a la cuarta calle lo vi por fin. Al final del sendero, el panorama se abría en un cielo azul, a su derecha una casa de color salmón albergaba en su interior una columna blanca, imponente y grandiosa. Los rombos rojizos se veían rozados por el paso de los años al igual que las aspas que seguían sin moverse. Había hallado el molino de viento.

Sonreí cuando la tuve frente a mí y este se rió también. La tarea de descubrir su paradero y llegar a él estaba completada, sólo faltaba que me dieran experiencia como en un juego de rol. Me quedé un momento cerca hasta que una mujer salió de la casa. Me acerqué.

—Hola —saludé con alegría, no quería causar una mala impresión. —Vi este molino por la calle de Gran Sur y me llamó la atención. Caminé por las calles para verlo de cerca hasta que logré encontrarlo.

Me miró con duda. Tal vez era extraño que alguien emprendiera una aventura sólo para buscar la construcción.

—Oh, sí. Muchos han venido por aquí sólo para verlo.

—Es raro ver un molino de viento en la ciudad.

—Sí, lo sé. Aunque no es muy conocido —respondió dirigiéndose a su automóvil. Le estaba quitando tiempo, pero quería saber más sobre él, su historia o de dónde había salido.

—¿Tú vives aquí? ¿Es una casa?

—Sí.

—Y ¿qué es? —dije. Me sentí torpe después de preguntar. Era obvio que era un molino, pero quería saber si existía algo más. — ¿Por qué lo construyeron?

—No lo sé. Los planos de la casa están así. El arquitecto lo estipuló así desde el inicio. Es una construcción original. —Sacó las llaves del auto para darme a entender que tenía que irse.

—¿Se puede subir a la torre?

—Sí. A veces subimos para tomar el café. Hay una escalera por dentro.

La emoción creció en mi interior. Sería maravilloso tomar el té por las tardes, platicar y ver el terreno que se abriría debajo de él. Por un momento quise pedirle que me dejara subir, que deseaba experimentarlo en carne propia, pero me contuve.

—Podrían convertirlo en una cafetería. A muchas personas les gustaría pasar un rato agradable allá arriba.

—Caben como cinco o seis personas. Es un lugar pequeño, pero podría ser una buena idea.

Ojalá la llevaran a cabo, pensé.

—Debo irme. —Señaló el auto con una mirada.

—Sí, claro. Perdón por quitarte el tiempo y gracias por la información. Es un lugar mágico.

—No hay de qué. —Se subió al coche y se alejó.

Lo miré por última vez y me alejé. Mi aventura había terminado en ese momento, tal vez nos volveríamos a encontrar, o tal vez no.

—Un lugar mágico, ¿eh? —le dije al molino como si me escuchara. Me despedí para dejarlo atrás de mí. Supe con seguridad que una nueva sorpresa me visitaría pronto, lo sentí en mi interior.

¿Cómo llegar?

*Por Calzada de Tlálpan llegar hasta Huipulco. Frente a la Parisina tomar el camión que va hacia Gran Sur. Baja en la esquina, antes de llegar a la plaza (Avenida del Imán). Atraviesa la calle y camina en sentido contrario al que venías. Busca la calle Comoporis y hasta el final lo encontrarás.

*Por Periferico bájate en Boulevard Gran Sur y camina toda esa avenida hasta llegar a Avenida del Imán. A tu derecha busca la calle de Comoporis y por ahí lo verás.

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