Espejismos reseña por Catalina Miranda

Las etapas del amor

           En Espejismos, primer libro de poesía de Rosée, la autora nos invita a un viaje por los misteriosos territorios del amor, un viaje en el que ella será la guía, la experta que describirá los distintos paisajes que ha contemplado, que ha definido, sean estos reales, soñados o inventados durante la vigilia, productos, todos ellos, de los excesos de un alma atribulada, rebasada por el sentimiento.

            Como la protagonista obsesiva de una obra en la que las escenas son las emociones mismas, Rosée, al saber que no es observada, recurre a la escritura invocando la liberación, se desahoga, se entrega de manera placentera, aunque tortuosa, al acto de describir su interioridad, quizá queriendo realizar el exorcismo, desafiando al demonio que ha tomado su mente y su cuerpo y que los ha perturbado de manera inusitada.

  En la introducción, la autora nos dice: “Espejismos comprende las cuatro etapas del amor: Primera: “Ilusión”, donde todo es bello, maravilloso e irreal, ese momento en el que te ilusionas y crees que las cosas son de una manera positiva, pero te derrumbas al darte cuenta de que era mentira; segunda: “Sueño”, la etapa en la que amas, en la que darías todo por esa persona, ese momento de felicidad, de las mariposas en el estómago y de la dulzura de compartir experiencias con esa persona especial; tercera: “Soledad”, cuando todo decae, cuando extrañas al ver que tal vez no existe esperanza o que por más que lo intentas no te acercas a esa persona o ésta se aleja, y cuarta: “Penumbra”, la culminación, ahí donde no existe luz, donde todo termina o el amor, que tanto sentías, no es correspondido de la misma manera, ese lugar donde a veces es preferible morir.”

            ¡Ah, el amor!, ese bálsamo cristalino, que se presenta apetecible, cautivador, bello, divino, y que al probarlo, sin perder sus exquisiteces, arrebata la cordura, dejando a su víctima tan sensibilizada como la carne de un cuerpo recientemente desollado. Por eso, ella dice en su poema Tristeza:

Siento un vacío por dentro,
las lágrimas salen sin motivo alguno;
todo me causa nostalgia,
como si no conociera la felicidad.

Todo el tiempo estoy llorando,
aunque finja que me estoy divirtiendo;
siempre creo que lo que hago es incorrecto
y que las personas a mi alrededor se
desesperan de mí.

Me encierro en las paredes del silencio,
me desaparezco detrás de unos audífonos;
sincronizo la música con mis sentimientos
y cierro los ojos para sumergirme en el
tormento.

            Rosée, el personaje, se convierte en la heroína que se atreve a hacer el pedregoso, hechizante y también prometedor viaje del amor; ella tiene la iniciativa de describir ese sentimiento, al que observa con lupa, con microscopio de investigadora acuciosa, y anota sus altisonancias, su bipolarismo, sus caídas, sus despliegues, y finalmente no tiene opción más que la de sumergirse en las aguas sulfurosas e hirvientes, de las que no sabe si saldrá victoriosa, pero que, no obstante, no puede evitar, no tiene opción, ya que para poder escapar del enajenamiento, del trance en el que se halla absorta, tendrá que zambullirse, ¿autosacrificarse?, enfrentarse con el abismo hasta tocar el más profundo de los fondos. No hay otra manera de aspirar a la liberación si no la de recorrer milímetro a milímetro ese túnel incierto, ese campo minado, y esperar hasta que amanezca, hasta que brote de nuevo la luz no sólo en el horizonte sino también en la mente, en el corazón, en el cuerpo, hasta encontrar una nueva conciencia que sustituya al caos de la tribulación amorosa.

            Sabemos que la protagonista de este libro de poesía, cuyo hilo conductor es el de la evolución y la transformación del amor, ha salido triunfante, y aunque no se siente satisfecha, la conciencia, ahora coherente y realista, hace que su espíritu retorne al cuerpo y que vuelva a poner los pies en la tierra; es decir, la nueva conciencia la hace renacer, le permite recuperar la libertad para adentrarse en otros caminos, en otros paisajes, en otros ojos, en otro cuerpo, en otras descripciones, porque así es el amor, como la vida, se desarrolla en espirales, en círculos concéntricos que se reproducen, infinitamente, de manera cíclica.

            Además del contenido escrito, en Espejismos hallamos material gráfico, son imágenes que con pocas líneas ilustran y acompañan a los poemas. La autora es Rosée, quien ha encontrado dos maneras de expresarse: la escritura y la plástica, dos vertientes que en conjunto la hacen tener un modo muy personal de ser artista, de expresarse, lo cual consigue de manera muy atinada.

Catalina Miranda

Ciudad de México, 23 de junio de 2018.

 

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