Inspiración: La belleza de escribir cartas

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Hace muchos años, cuando el internet, WhatsApp, Messenger y Facebook no existían, las personas se comunicaban mediante cartas kilométricas donde relataban los sucesos acontecidos durante meses seguidos. En estos textos, las emociones, vivencias y experiencias se escribían con pasión, con alegría, dolor, enojo y hasta con lágrimas en los ojos; transmitiendo todos aquellos sentimientos en las distintas líneas, frases y pensamientos plasmados con tinta china en la hoja de papel. Una práctica sinceramente maravillosa.

En la actualidad, esta cercanía, ésta forma de expresar nuestras vivencias, se ha ido perdiendo por la facilidad, comodidad y velocidad que nos otorga un mensaje de texto, pero aún podemos rescatarla, gracias a todos los que amamos leer y escribir.

Expresar nuestros sentimientos no es algo fácil. Existe una conexión mística entre la pluma y el sonido del papel al momento de escribir que nos sumerge en cada una de las palabras que plasmamos. Como cuando el esposo escribía aquella carta mientras estaba en zona de guerra o cuando una mujer le enviaba todos los sucesos importantes a su amiga que vivía en otra región.

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Escribir a mano siempre conectará con nuestro corazón, no importa si es sólo una pequeña nota o una carta a aquella persona a la que queremos expresar nuestros sentimientos.

Pero no sólo es redactar el mensaje, también es enviarlo, recibirlo, leerlo y responderlo; una dosis de adrenalina y paciencia, miedo y tortura. Una dulce tortura.

Puede que sea una persona a la antigua o que mi pasión por la escritura rija la forma en que me comunico con las personas. No me gusta el whats app, messenger y esas cosas; si no estoy hablando con la persona directamente, me gusta escribir cartas para mencionar algo importante o para contar algo extraordinario. La verdad es que es una práctica que ya no se utiliza y si lo realizas o es raro o pocas personas quieren entrar.

Extraño cuando en la escuela le mandaba cartas a las personas, a mi amigos o cuando recibía alguna postal llena de letras de un familiar lejano. Eso ya no existe. Ahora sólo recibes la fotografía por Whats o la miras por Instagram. Es una lástima que una práctica tan bonita se perdiera debido al mundo tecnológico en el que vivimos.

Si por mí fuera, me gustaría viajar en el tiempo para vivir la práctica de escribir con pluma, tinta china, a la luz de una vela y enviarla por correo a la espera de que un mensajero a caballo lleve noticias o mi sentir en esas líneas. Esperar semanas o meses a tener noticias de un amigo, noticias de un hermano y escribir o recibir una carta de amor.

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Puede que el mismo romance que tengo en mis venas sea quien desea vivir esos momentos, redactar línea y líneas de algún acontecimiento o recibir esa carta de un ser querido y aunque en la actualidad se ha perdido, siento que no ha desaparecido del todo. Creo que hay personas que aman las cartas de papel, los sobres, la pluma fuente y los manchones de tinta en la hoja. Yo soy una de ellas, supongo que por eso siempre escribo mis sentimientos de esa forma, ya sea mensajes a los amigos que estimo mucho, a mi hermana, noticias de algún viaje o notitas fugaces y sorpresivas. Recibir un sobre lleno de sellos, abrirlo y desdoblar el papel para saber lo que contiene su interior, se parece a cuando abres un libro nuevo. Contiene mucha satisfacción.

Inevitable

Las cartas también se utilizan para declarar amor a alguien y es algo que yo he realizado un par de veces, es una forma de comunicación que he encontrado para poder expresar sin miedo mis sentimientos, para poder desbordarme sin temor a nada hasta el momento de enviarla e imaginar que el remitente la está leyendo. Escribir cartas de amor a mano es una forma en la que la tinta se conecta con mi corazón; una manera sencilla, tersa y sentimental con la que puedo expresarme. Es una forma en que los sentimientos salen desde dentro y se juntan para crear versos, párrafos y líneas llenas de emociones.

Hace algunos meses, cuando estaba en el proceso de escribir Espejimos, realicé una carta de amor que nunca fue enviada porque era demasiado metafórica. Tiempo después la volví a escribir con un lenguaje más fácil de entender y procesar. Esa sí fue enviada, esa era la intención desde el inicio: expresarle mi amor a esa persona. La historia de esa carta no es importante en esta entrada, ya que la primera, aquella que explotaba en emociones y versos, se convirtió en una parte más de Espejismos bajo el nombre de Inevitable.

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Existen situaciones en el mundo que son inevitables y muchas otras imposibles de ocultar. Tal vez no sea el momento adecuado, ni la forma correcta de expresarlo, pero ¿alguna vez estaremos listos?, ¿existirá un manual que nos diga paso a paso qué hacer y qué no? Tal vez sólo llegue ese destello que nos impulse a intentar, a aventurarnos, arriesgarnos, sin importar el resultado, porque para eso vivimos, para levantarnos una y otra vez, a pesar de lo mucho que duela.

Existen emociones que son inevitables y muchas otras imposibles de ocultar, por más que nos esforcemos, por más que las escondamos o las mantengamos en secreto, tarde o temprano saldrán, ya sea porque las personas de alrededor lo notan o porque el sentimiento es tan grande que se torna difícil de guardar, doloroso al no expresar, imponente al no decir; amargo al tener que contenerse, a dejarlo atrapado en algún lugar oscuro y olvidado para evitar sacarlo. Tal vez es por miedo, tal vez es por duda; incluso puede ser por la respuesta y las acciones de las personas o porque decidimos rendirnos y hacer como que no sucede nada, pero siempre, siempre esas emociones salen, como en este momento, cuando la tinta se queda impregnada en el papel; como cuando las lágrimas resbalan mientras el corazón llora sin que nadie se dé cuenta; como cuando intentas, de muchas maneras, acercarte a una persona, abriendo el corazón con temor, con cautela; sin creer que al final esos sentimientos tan notorios no fueran vistos de la misma manera.

No existe mejor forma de decirle a alguien un “Te quiero” que con todas sus letras, sin adornos, sin indirectas; como estas frases que salen sin descanso, como si hubieran estado tanto tiempo atrapadas, tal vez con el propósito de seguir escondiendo, detrás de unos versos, aquel sentimiento que grita hacia el viento, llevando un “Te quiero” arrancado del alma hacia la persona que lo causa; llevando un “Me gustas” incrustado en cada célula; llevando un “Me importas”, un “Quiero que seas feliz” y un “Deseo tu bienestar” en cada palabra dicha, en cada mirada robada, en cada sonrisa expresada, en cada abrazo compartido, en cada gesto resumido en un “Te quiero” convertido en suspiro.

Existen momentos inevitables, como el confesar esas emociones, que por mucho tiempo trataron de pasar desapercibidos; sentimientos imposibles de frenar, como la felicidad de estar junto a la persona, la frustración a dejar de intentarlo, la tristeza al percatarse de que lo más sensato es darse la vuelta para no continuar, la fuerza de voluntad de no besar cuando ese rostro se acerca más de la cuenta.

Al final, siempre existen palabras imposibles de ocultar, como el “Te quiero” que desde hace tiempo necesitaba expresar.

Esa carta no ha sido la única que he escrito, tampoco la única que se ha quedado guardada y sin enviar; mucho menos una de tantas que he escrito y enviado, y estoy segura de que no será la última. Tampoco he escrito sólo cartas declarando mi amor a alguien, también a amigos que quiero mucho o familiares. Es algo que me gusta mucho hacer y que no perderé la práctica, por lo que me gustaría citar a uno de mis escritores favoritos para cerrar esta entrada: Mario Benedetti, quien tiene un poema titulado “Sobre Cartas de Amor”, poema que se ha convertido en un aliado especial.

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Una carta de amor
no es un naipe de amor

una carta de amor tampoco es una carta
pastoral o de crédito / de pago o fletamento

en cambio se asemeja a una carta de amparo
ya que si la alegría o la tristeza
se animan a escribir una carta de amor
es porque en las entrañas de la noche
se abren la euforia o la congoja
las cenizas se olvidan de su hoguera
o la culpa se asila en su pasado

una carta de amor
es por lo general un pobre afluente
de un río caudaloso
y nunca está a la altura del paisaje
ni de los ojos que miraron verdes
ni de los labios dulces
que besaron temblando o no besaron
ni del cielo que a veces se desploma
en trombas en escarnio o en granizo

una carta de amor puede enviarse
desde un altozano o desde una mazmorra
desde la exaltación o desde el duelo
pero no hay caso / siempre
será tan sólo un calco
una copia frugal del sentimiento

una carta de amor no es el amor
sino un informe de la ausencia

 

 

 

 

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