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Vida diaria: Alistándome para un viaje

No soy una adicta a los viajes porque no he viajado mucho, pero desde que salí por primera vez del país la emoción de emprender una nueva aventura siempre ha sido algo que me llama mucho la atención.

Uno de mis más grandes sueños es poder viajar y escribir; vivir de mi escritura mientras recorro los países que me llaman la atención y conozco sus secretos. Y aunque parece difícil, complicado y loco, la verdad es algo que quiero intentar; algo que deseo vivir con toda intensidad.

Viajar y escribir viaje

Lo he mencionado en varios lugares y aunque no lo parezca estoy a punto de cumplirlo. No daré detalles porque no es el momento de hacerlo, pero ese deseo de querer tomar un avión e irme a donde el corazón me llame, con una libreta, mis plumas, música y unos libros, es algo que estoy a punto de cumplir.

El miedo está, no lo niego. A decir verdad tengo mucho terror. Será un viaje largo y no serán vacaciones. Una aventura en el que me conectaré con mi creatividad, buscaré mi espiritualidad y por supuesto, mi independencia. Algo así da miedo, mucho miedo y aunque ya voy preparada, con lo necesario cubierto y con acompañante; la ansiedad y el miedo está.

Eso no quiere decir que me dé por vencida. Muchos podrán creer que tengo mucho dinero o que tengo familiares en los países a los que iré para quedarme a vivir por un tiempo largo, pero no. Me voy de cero, con ceros y desde ceros a aspirar por algo grandioso, maravilloso y enorme. Durante el trayecto escribiré sobre los viajes, haré una trilogía de “diarios” (para los que me leen continuamente pueden entonces darse una idea al país 1que voy) y completaré la novela más importante que deseo escribir: Mil Lunas.

Además, quiero encontrar mi estilo, mi creatividad y mi persona. ¿Por qué tan lejos o por qué no en mi país? Porque no quiero. Así de simple. Existen otros lugares que me llaman, que me piden a gritos que los visite, que me conecte con su gente, tradiciones y comida. Que recorra sus calles, que aprenda de sus costumbres y que me sanen internamente, porque ese es otro tema:

Viajar para sanar

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Si en algún momento de mi vida escribiera mi autobiografía conocerían muy bien la razón del por qué necesito sanar; pero eso no es tema del momento. Lo que importa es que llegó un momento en mi vida en que sentí que era necesario ir a un país donde nadie me conocía, donde nadie sabía mi historia; donde podía caminar por las calles sin sentirme presionada. Un lugar en el que pudiera sentirme libre y lograra conectarme con mi lado espiritual que nunca tuve y que poco a poco empecé a descubrir.

Muchas personas realizan viajes para encontrarse, pero para eso puede ser en cualquier lugar. ¿Entonces, por qué me voy? Porque mi alma me lo pide, porque algo dentro de mí sabe y siente que viajar y escribir es algo que necesito para prosperar y crecer.

Miedo, tristeza y soledad

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Es algo que trato de no pensar. Estaré lejos de mi casa, no veré a mi hermana ni amigos en mucho tiempo; ni siquiera podré estar cerca de mi bebé peludo y eso me pone muy triste, tanto que a veces pienso que no debería realizar esta locura. Pero todo ya está y mis ganas de ser libre son más grandes que las lágrimas que siempre amenazan con salir cuando pienso que no me voy de vacaciones.

Aunque iré con otra persona, la soledad estará y no de la que me gusta, sino de la fea. Aquella que en algún momento hemos sentido, en donde las personas cercanas a ti no estarán cuando voltees hacia atrás y eso es algo muy fuerte de entender, mirar y sobrellevar. Puede que a la semana ya me quiera regresar; que a los tres meses extrañe a mi familia y a México; que extrañe la comida o a mis amigos. Eso es inevitable, pero ¿de qué sirve que lo piense ahora? Ya podré sobrellevarlo cuando sea necesario, pero es algo que ahí existe y que da vueltas sólo para molestar.

¿Y el miedo? Es algo con lo que me he dormido y despertado desde que tomé la decisión de irme. Enfermarme, que el plan no resulte, que el dinero se nos agote; que no tengamos donde dormir, que nos perdamos, que nos roben, que tenga un accidente. Todo esto y más, mucho más ronda mis sueños, cuando estoy despierta y hasta cuando me encuentro entretenida haciendo otra cosa. El dinero y la salud son mis temores principales, pero trato de tener un plan o contratar un seguro médico y preguntar todo para despejar dudas y miedos.

De igual manera siempre trato de pensar en positivo y que no me va a suceder nada malo, que todo estará bajo control y que los problemas los podremos resolver. Además, la idea que más me sirve es: prefiero intentarlo y saber en qué me equivoqué a no intentarlo y quedarme con la duda de lo que hubiera podido suceder.

Motivación extra

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Eso sí, la aventura no fue realizada sin una motivación que me inspirara a realizar este viaje. Una chica Argentina llamada Aniko es quien me ha dado las herramientas y la fuerza para comenzar este sueño. No les miento, cuando siento que no lo lograré o que sería mejor echarme para atrás, entro a su web y leo sus post para quitarme el miedo e inspirarme a continuar.

Además, yo misma me repito que todo saldrá bien y reviso que todo esté en forma y de manera correcta para evitarme ese miedo que se siente horrible. Pienso que algo malo me va a pasar o que el seguro médico en el extranjero no me va a cubrir algo; incluso pienso que estaremos una semana sin comer o que no tendré dinero para pagar mi tarjeta.

Puede que subestimara el viaje y creyera que sería algo fácil, pero no. Aventurarse así es de valientes, pero todos podemos hacerlo. Yo lo estoy realizando, con las cosas básicas y dinero que no me va a alcanzar para mucho tempo. Voy con las ganas de trabajar, de sustentarme y de poder crecer como escritora. Conozco los peligros, sé lo que podría suceder y lo que también es producto de mi malévola imaginación. Conozco lo que llevo cubierto, lo que puedo hacer y deseo rebasar mis límites, probar que puedo aunque, repito, me esté muriendo de terror por dentro, pero creo que eso es algo que se tiene en cada viaje o en cada decisión importante en la vida.

Vida hay una y ella sirve para realizar un viaje, o dos o tres. El miedo estará conmigo siempre, sólo debo enseñarle a caminar junto a mí, no a dominarme.

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