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Vida Diaria: Una semana en Japón y…

Ya me quiero morir, no me quiero ir; he buscado trabajo y no he encontrado nada, escrito la tercera parte de Diarios de Japón (cuando aún no sale ni la primera), ponerme al corriente del primer viaje; me estoy quedando sin dinero, he estado cerca del racismo japonés, conocí personas maravillosas, conviví con dos chicos encantadores; el hostal donde me quedo me da asco de vez en cuando debido a la suciedad en los baños y la cocina; he bajado como cinco kilos y me da el tramafat (trauma, estrés, ansiedad, etc) como cinco o seis veces al día.

Una semana en Japón

Creo que las cinco lineas de arriba describen sólo un poco de toda la intensidad que he vivido por tercera vez en el país.

Desde un inicio el viaje era riesgoso, complicado y en calidad paupérrima para un país tan caro y una ciudad tan elevada como lo es Tokio. Al principio no creí que esta aventura se llegara a completar, ni siquiera estaba en mis planes regresar al país este año, pero de un manera u otra, el avión despegó con dos días de retraso y ahora ya he completado una semana en un hostal en Tokio el cual me brindó la primera semana, una de las mejores experiencias de mi vida.

Japón
La llegada al metro por primera vez

Este viaje no es de vacaciones ni para pasear por ahí y gastar a lo bruto, es para descansar de mi ciudad, de todo el dolor que viví el año pasado; para escapar de la manera tan horrible en la que me trataron cuando trabajaba en una oficina; para sanar y olvidar; encontrarme, hacer lo que me gusta, escribir, sentir paz y sobre todo, para desaparecer un rato del entorno en el que vivo; para salir de la zona de confort y vivir de lo que me gusta hacer: viajar, conocer el mundo y escribir estas experiencias.

Una semana como si estuviera en mi casa, pero a la vez no

La semana se me pasó muy lenta. No sé si fue porque me estaba adaptando a un nuevo lugar, por todas las emociones fuertes que experimenté antes de llegar y al vivir en el país como una persona común y corriente que va al súper para hacer la compra semanal y cocinar su propia comida.

Tal vez porque conocí personas maravillosas: un alemán y un danés con quien pasé momentos divertidos, maravillosos y profundos; porque generé experiencias que nunca había realizado como ir a un baño público japonés y bañarme en una tina con té hirviendo. Hacer las compras en un supermercado y como señora ir a las horas de las rebajas para comprar lo más barato. Porque me he quedado en el hostal para escribir y sentir paz o para leer un poco (muy poco y eso me causa cierto conflicto).

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Juntos en el karaoke

Tal vez porque conviví con extranjeros, porque me di cuenta de que muchas personas alrededor del mundo están igual de rotas que yo, que buscan su lugar en el mundo, que esperan crear algo maravilloso y sanar desde el alma.

Puede que sea porque abrí mis sentimientos con un chico danés el cuál piensa y siente igual que yo y me identifiqué mucho con sus emociones, porque platicábamos y lográbamos entender la tristeza del otro y porque estaba interesado en mis poemas y en Espejismos. O tal vez porque viví de cerca la hostilidad japonesa hacia los extranjeros, porque recordé lo que es tener un jefe al que no le importan sus trabajadores ni lo que ellos hacen para mejorar la empresa; porque no es tan diferente a mi país como yo creía y las ilusiones se llegan  romper.

Muchas emociones, pocos días

Pero sobre todo, lo más importante es que pude estar en el concierto mi banda favorita, por la que he viajado hasta Japón dos veces y visto en vivo tres. Concierto en el que celebraron su regreso después de anunciar su separación tres años antes y en cuyo concierto de despedida también estuve.

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Incluso puede ser por la forma en que he tenido que cuidar el dinero porque no tengo y los lujos están fuera de lugar porque o me compro algo lindo o dejo de comer, o no tengo dónde dormir y tendría que regresarme a mi país.

Vivir con ese miedo constante y esa forma rigurosa de cuidar el dinero ha hecho que la semana sea tan intensa, pero a la vez como si llevara en el país más de un mes; como si los chicos del hostal fueran mis amigos de muchos años, como si salir a dar una vuelta por las calles de Kawaguchi (lugar en el que vivo ahora) en un día lluvioso y frío (muy frío) fuera cosa de todos los días y que llevo haciendo desde muchos años atrás.

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En una de las calles de Kawaguchi

Preocupaciones y soluciones

La mayor de todas es el dinero. (Y la salud también)

Como y expliqué es un viaje en el que traje sólo veinte pesos y la idea, ganas y esperanza de poder trabajar como freelance desde Japón. Como escritora tengo muchas limitaciones. Es muy, muy difícil encontrar trabajo como redactora digital de viajes, videojuegos o libros y que te paguen. Es todavía más complicado que se vendan mis libros, que la poesía sea tomada en cuenta y vivir de mis escritos mientras viajo, algo que deseo hacer con toda mi alma.

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El escritorio del hostal

Y es por eso que a pesar de que todos los días busco algo en Linkedin, me inscribo  un concurso de literatura donde existen premios en efectivo, mando correos en sitios de escritura o me pongo al corriente con mi blog, no genero dinero ni obtengo trabajo y eso es algo que a pesar de estar en un lugar que me trae mucha paz, también me genera mucha ansiedad porque, si y no tengo como vivir, tendré que regresar.

Es mejor decir “lo intenté y no pude a quedarte con las ganas de hacerlo y pensar en el hubiera” o eso creo yo. Me esfuerzo mucho aunque lento para obtener algo y realizar (al menos por un rato) lo que me encanta hacer y en un país que me gusta mucho a pesar de sus muchos contras. Pero si no se logra, podré tener la satisfacción de haberlo hecho, de haber dado el paso, de haberlo intentado y no de quedarme dentro de mi zona de confort.

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Yo, Espejismos y las Sakuras

Además, con este viaje ya tengo la trilogía de “Diarios de Japón” y mucho, mucho material para contarles, para narrar y para revivir.

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Lo que llevo de Diarios de Japón parte 3

No sé lo que el futuro me depare, pero mi vida en Japón por ahora es estable y tranquila, espero que sea así por muchos días más.

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