cafetería
Cuentos,  Pensamientos

Pensamiento #3: En la cafetería

¿Cuál es la razón de mi existencia?

Miro por el gran ventanal de la cafetería. Las personas de afuera caminan inmersas en su mundo, una avalancha de pensamientos, ideas, mentes y sueños se mueven del otro lado del cristal. Me quedo absorta en mis pensamientos. Repiten una y otra vez las misma pregunta ¿Para qué existo? ¿Cuál es la razón de vivir?

Me llevo el popote de plástico a la boca. Me regaño por olvidar el de metal. Absorbo la dulce bebida, una mezcla extraña entre café, nuez y chocolate. La ingiero sin pensar, con los ojos fijos en el constante deambular de las personas. ¿Tendrán ellos una razón de existir? ¿Una razón de dirigirse al lugar de su destino? ¿Qué es lo que las impulsa a seguir caminando? ¿Dinero? ¿Trabajo? ¿Familia? ¿La monotonía del día a día?

La garganta me pica por el frío del café. Dejo de beber y me concentro en la cafetería. La música de fondo no me gusta, me aburre; la voz aguda de la cantante es lenta y deseo que se acabe pronto. Vuelvo a tomar la bebida y miro por la ventana. Tiene un efecto hipnótico: descubrir personas que jamás he visto y que, tal vez. si nos volvemos a topar, pensaré que nunca nos hemos cruzado y jamás lo volveremos a hacer. ¿A dónde irán con tanta prisa? ¿Con quién hablarán por teléfono? ¿De qué hablan las parejas o grupos? ¿Se preguntarán lo mismo que yo? ¿Cuál es la razón de despertar cada mañana para hacer lo mismo una y otra vez?

El tiempo transcurre rápido

Llevo media hora sentada viendo a la gente pasar, sin hacer otra cosa que mirar del otro lado del cristal. Pienso en mi vida como si fuera ese momento. ¿Cuántas personas han formado parte de mi historia, instantes y tazas de café? En un par de minutos la bebida se terminará, así como este día, la semana y el mes; así lentamente hasta cumplir años y años en el que no existe marcha atrás, en el que el mismo vaso de plástico jamás se volverá a llenar con la misma bebida, con el mismo sabor, con la misma cantidad de azúcar. Así de efímero, así de rápido, como las personas tras el ventanal que tardan entre cinco y ocho segundos en desparecer de mi vista. La vida es tan pasajera y sin que se vuelva a repetir una situación similar.

Me vuelvo a preguntar, con el café por terminar, ¿cuál es el sentido de mi existencia? ¿Tener un empleo, ganar dinero, tener una familia y viajar —si tengo las ganas de hacerlo—cada año, cuando me gane las vacaciones que me corresponden por un año entero de trabajo? ¿Ser como las personas del ventanal que caminan, absortas en la realidad, perdiendo el interés de lo que existe a su alrededor, sin darse cuenta de que las veo, de que mi bebida se termina y que me sigue sin gustar la música de fondo?

¿En serio la existencia humana es tan aburrida como para resumirse a un café que no dura nada? ¿A estar dentro de un ambiente cansado, que no cambia; como la melodía en las bocinas, monótona y aburrida? ¿Es verdad que se resume al reloj que marca los segundos sin detenerse, así como el caminar de las personas, que al igual que yo, no saben hacia dónde van?

¿Para qué existe la vida?

¿De qué sirve la existencia humana? Me he terminado el café; vuelvo a mirar por la ventana, la música sigue sin atraerme y aún sigo aquí, sentada, sin nada qué hacer, con el vaso de plástico vacío, como mis sentidos; viendo la vida pasar entre cinco y ocho segundos. A veces hasta diez.

 

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