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Recomendación literaria: El gato que venía del cielo

Uno de los libros que tenia pendientes para este año era “El gato que venía del cielo” del autor japonés Takashi Hiraide y así como la mayoría de la literatura japonesa que he leído últimamente, este libro no dejó sorprenderme.

No suelo leer historias que tienen animales como protagonistas porque siempre termino llorando y este año ya he leído dos, ya les estaré contando en la recomendación de libros para junio.

Pero, ¿qué hace especial este libro? Además de ser descriptivo, llevarnos de la mano hacia las emociones y las estaciones del año; la simplicidad de una historia puede llegar a ser mucho mejor que una rimbombante y cargada de situaciones que, al final, salen sobrando.

Los autores japoneses saben muy bien cómo sumergir al lector en la vida cotidiana, las descripciones del paso del tiempo y los instantes en los que el ser humano se funde con la naturaleza o los animales. Hiraide, en especial, logró que su libro fuera poesía hecha novela. Una novela corta de ciento sesenta páginas, pero que cada capítulo deja a al lector un sentimiento de tranquilidad, conexión con nuestro alrededor (que muchas veces nos perdemos) y las ganas de conocer más sobre la vida de los personajes y del pequeño Chibi, el gatito protagonista del libro.

Los gatos son libres de hacer lo que les plazca

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En este libro conocemos la vida de un matrimonio que no tiene hijos, pero que, sin querer, “adoptan” al gato de uno de sus vecinos. Y pongo la palabra adoptar entre comillas porque simplemente el gato hace lo que quiere y va a donde quiere.

La historia retrata bien la personalidad de los gatos y Chibi, nuestro gato especial, es una fiel descripción de los felinos que tanto adoramos. Si eres amante de los gatos, este libro te va a encantar ya que identificarás a tu mascota o tu fascinación por los felinos gracias al comportamiento del querido Chibi.

La narración comienza una tarde en la que Chibi llega a la casa de los vecinos de este matrimonio, pero así como todos los mininos, Chibi es libre de hacer e ir a donde le plazca por lo que poco a poco comienza a ser parte de la vida del narrador y de su esposa. El pequeño los visita, encuentra un lugar donde dormir y hasta tiene sus horarios para salir a hacer sus cosas de gato o para comer. La pareja poco a poco comienza a encariñarse con el animal, en especial la esposa. Lo apapachan, lo consienten y lo hacen parte de su vida a pesar de que el minino no es de ellos y que éste no se deja abrazar ni acariciar por los humanos que lo hospedan de manera gratuita.

Tristeza y melancolía en pocas páginas

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A lo largo de la historia conocemos los sentimientos de los protagonistas hacia Chibi y el dolor que sienten al saber que el animal no les pertenece. El problema se agrava cuando la mujer que les renta su casa se muda a un asilo de ancianos y pone a la venta el terreno donde viven. En otras palabras, el matrimonio debe dejar su hogar, especialmente, abandonar al gato del que tanto se enamoraron.

La esposa del narrador llora y no sabe qué hacer al comprender que deberán abandonar al pequeño. Buscan una casa cerca o hasta un edificio cuyas ventanas tengan vista hacia el hogar de Chibi. Su amor por el gatito es inmenso y lo transmiten al lector, seas amante de los gatos o no.

En todo el libro la melancolía, el amor y la felicidad que otorga un animalito es precisa, detallada y dulce. La vida del matrimonio cambió cuando Chibi llegó a sus vidas y separarse de él sería lo mas triste que podrían llegar a hacer. Incluso, la esposa, pensó en robarlo a pesar de saber que no era lo correcto.

Pero no sólo la dulzura de Chibi es narrada en este libro. También los detalles de los jardines, de una libélula, de las calles de Japón y del cambio de era. Todo es narrado con tranquilidad, como una apacible canción que llega a conmover hasta las lágrimas.

Poesía, vida diaria y el amor de una mascota

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El libro hizo que pensara varias veces en mi bebé, en mi perrito Kaffee. Sé que el comportamiento de los perros son distintos a los gatos, pero el amor hacia un animal de compañía es el mismo. Ver por ellos, cuidarlos, quererlos y ser nuestro gran tesoro. Hiraide logró manifestar esos sentimientos por los animalitos en su libro. No importa si es gato, perro o conejo; el amor hacia ellos es universal y el autor transmitió esas emociones con un detalle melodioso, placentero; casi mágico.

“Mientras le contemplaba, mi mujer pensó que pronto llegaría el momento de la separación y volvió a preguntarse si realmente aquel gato no era suyo. Más bien si el pequeño animal no deseaba convertirse en su gato. Chibi observó con sus profundos ojos verdes una cosa que llaman lágrimas.”

La literatura japonesa es así. Dentro de pequeñas descripciones generan muchos sentimientos. En tan sólo una frase logran conquistar nuestras emociones y empatizar con lo que hacemos diariamente.

Con un par de palabras Takashi logró conmoverme tanto así como el amor que sentimos por un gato, un perro o una mascota. Ellos vienen del cielo. Le doy la razón.

 

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