ella
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Serie de microcuentos de noche #3: Ella

Apagué la computadora. Miré el reloj. Eran las tres de la madrugada. De tanto escribir quedé cansado de la vista. Necesitaba dormir, pero la novela en la que trabajaba no me dejaba tranquilo.

Fue en un sueño. La conocí encima de un risco, al anochecer. Me dijo que tenía que escribir sobre ella, sobre su vida; que todo el mundo tenía que saber lo que le sucedió.

Llevaba tres días sin dejar de escribir. Dejé mi trabajo, mi vida y me dediqué a las tazas de café y a las palabras que salían sin control gracias al golpeteo de mis dedos en el teclado. Pero finalmente el cansancio me venció.

Me acosté a la espera de tener un sueño reparador para continuar al cien por ciento al día siguiente, pero no fue así. Soñé con ella. Estaba furiosa, demente, histérica. No dejó de repetirme una y otra vez que la había traicionado, que juré escribir su historia y que rompí mi promesa por detenerme a dormir.

Desperté de golpe. Mi cuerpo se sentía pesado, dolorido; creí que me daría fiebre. Tenía que seguir escribiendo.

Encendí la laptop, pero el documento en el que trabajé por tres días seguidos había desaparecido. Todo el progreso, las más de trescientas páginas no estaban por ningún lado. Me entró la desesperación. Todo lo que pasé esos tres días para escribir sobre ella se esfumaron para siempre. Quise empezar de nuevo, pero todo lo que ella me contó estaba nublado, se desvanecía rápidamente de mi mente. Enfermé por el cansancio, por la angustia de perder esa historia tan importante; por haber arruinado mi vida para dedicarme a esa historia. Pero en especial, por haber fallado.

Nunca logré recuperar el documento. Su historia, su belleza y el risco jamás existieron.

No volví a soñar con ella.

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