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Desde la máquina de escribir hasta la servilleta

Creo que es una de las preguntas que más nos hacemos los escritores. Hace muchos años, todo era escrito en papel, gracias a una pluma y tinta china. Después llegó el sonido apacible de las teclas de una máquina de escribir. Con el tiempo llegó la computadora y empezamos a mezclar la escritura a lápiz con la de una PC. Por último, llegaron los teléfonos y las tabletas, los cuales permiten escribir en el lugar que estemos.

Mi modo de escritura es muy cambiante, así como yo y todo lo que hago. Lógicamente parte de mi naturaleza se refleja en mi escritura ya que, he utilizado la máquina de escribir —por ahí todavía la tengo— y he pasado entre a computadora y la libreta muchísimas veces.

De la máquina hasta escribir donde sea

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Hace algunos años, no dejaba la máquina de escribir. Me relajaba tanto el sonido de las teclas que no paraba aunque me equivocara o cometiera infinidad de errores. Tuve que dejarla porque hacía mucho escándalo —creo que por eso escribo tan fuerte en el teclado de la computadora—, me acostumbré a la fuerza de las teclas, al sonido de ellas y a la satisfacción de ver las letras impresas con tinta. Me sentía en aquellos años, sentada en las noches, con la luz de una vela y escribiendo cualquier cosa.

También la abandoné porque cometía muchos errores y no existía forma de borrarlas. Me molestaba escribir mal una palabra y que no existiera una forma de eliminar el error. A veces, cuando estoy escribiendo, se me juntan las letras, omito algunas o pongo letras de más. También, las ideas no están al cien por ciento frescas cuando las plasmo, por lo que a veces borro frases enteras y en una máquina de escribir, eso es imposible. Es por eso que abandoné la máquina de escribir y me mudé a las libretas.

Me encanta comprar cuadernos y tenerlos ahí acomodados —o arrumbados—; usados o sin estrenar o de diferentes tamaños y grosores. ¡Me encanta! Y siempre cargo una por si alguna idea se me viene a la mente y tengo que escribirla. Al principio utilizaba un bolígrafo, pero me pasaba lo mismo que con la máquina de escribir: frases enteras que no me gustaban y que eliminaba por completo. Mis cuadernos tenían más tachones, anotaciones de colores; escrito extra que anotaba en el margen, de lado o donde cupiera: un desastre espantoso y al mismo tiempo, bello e inspiracional. Disfruto mucho ver las hojas llenas de letras, correcciones y “patas de araña” imposibles de descifrar. Pero al final también lo dejé.

Escribir a mano o computadora

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Amo escribir a mano. No he dejado de hacerlo, pero pasar esos borradores, al igual que en la máquina de escribir, a la computadora, es un tormento. Me tardaba más descifrando lo que quería decir que en escribir. Por eso, cambié de táctica. Ahora escribo a lápiz. Así es más fácil borrar y escribir alguna idea y si lo paso a la PC, no me destrozo el cerebro al querer encajar las piezas.

En serio, mis escritos antiguos son un auténtico desastre. Incluso llegué a utilizar hojas sueltas de otra libreta, servilletas o post-its para anotar una idea, un diálogo o hasta ¡un capítulo entero! Pero ya casi no lo hago.

La computadora es más fácil. Si me equivoco, lo borro. Si debo agregar algo, sólo le doy espacio a lo ya escrito. O si algo no me sirve o no gusta, lo elimino o la pongo en color rojo para resaltar que ese párrafo —u hojas enteras—necesitan revisión.

Corregir es mucho más rápido, no tengo un borrador que tenga que pasar en limpio y es más sencillo enviarlo, imprimirlo y trabajarlo. Por eso, en estos momentos, sólo escribo en la PC. Aunque no sé, puede que en algunos meses, cuando vuelva a cambiar, regrese al cuaderno o hasta a la máquina de escribir.

Lo que nunca utilicé, ni pienso hacerlo, es el celular. No me acomodo ni me gusta. A decir verdad ni he pensado en que podría servirme para algo. Seguiré escribiendo en la PC aunque no me inspire y en cuadernos cuando necesite y quiera descansar de la luz de la pantalla; cuando desee sanar, conectarme con mi escritura y tener un momento de paz. Eso me entrega cuando escribo en libretas, inspiración.

Puede que regrese a la máquina de escribir, o que me conecte más con mi escritura mediante el lápiz y el papel; pero sin duda, la computadora es, por ahora, lo más rápido que conozco.

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