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Reflexiones: Recuerdos de Dazai Osamu

Cuando comencé a leer este libro, no creí que sería tan importante para mí en muchos aspectos. Leí la sinopsis, me llamó la atención, entraba dentro de mi reto de lecturas 2019 y dije: «bueno, lo voy a leer».

No soy mucho de leer las introducciones, a veces me da flojera; en especial cuando son enormes. Pero el de «Recuerdos» de Dazai Osamu, tuvo, desde el inicio, algo que llamó mi atención: su vida, parecida a la mía, pensamientos similares hacia la humanidad y una manera de escribir como lo hago actualmente y como me gustaría desempeñarme.

Por ahí he mencionado que la escritura de Cecelia Ahern y la de autores japoneses, me han encaminado a la forma de escritura que me gusta, que realizo y que desearía expresar cada vez que formo frases y versos en el papel. Pero con Osamu me sentí tan identificada y respondió tantas dudas que tenía que dije: «así es como quiero escribir».

Tenía máscaras adheridas a mí en capas sucesivas, diez, incluso veinte. Ya no era capaz de distinguir entre ellas; de saber cuál era la de la tristeza; cual la de la alegría; hasta que encontré una oscura solución para mis dilemas: la escritura: 

La novela del yo

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En la introducción mencionan que la manera de escribir del autor es el «Watakushi-shōsetsu«. La novela del yo, autobiografismo y que se narra en primera persona. Es un tipo de escritura japonesa en el que se realizan confesiones, experiencias verdaderas y sobre todo eventos que le sucedieron al autor, utilizar sus propias vidas para mostrar la manera real de ver el mundo. En el caso de Dazai «la mayoría de lo que escribe está basado en su vida. Puede cambiar personajes, situaciones o contar historias diferentes, pero todas tiene algo que marcó su vida.»

La inmensa mayoría de las historias de Osamu son crónicas de episodios de su vida hasta el punto, en no pocos casos, de emplear los nombres reales de las personas (incluyendo el suyo propio) o de hacer uso de cartas escritas o recibidas en vida.

La mayoría de lo que escribo —si no es que todo— está basado en mi propia existencia. No es que mi vida sea maravillosa e interesante, pero ha tenido distintos sucesos que me han marcado y que de alguna u otra forma, represento en mis textos. Tal vez no uso los nombres reales, pero aparecen personas reales.  A lo mejor así no sucedieron las cosas, pero tienen una enorme carga de realismo conmigo, con mi historia de vida; de mis experiencias.

Al inicio creí que esa forma de escribir estaba mal. Ya saben, los bloqueos del escritor y la estructura de una novela. Pero Dazai me enseñó que eso no importa, que puedes hablar de tu vida, de distintas formas, y conectar con las emociones de los demás.

Todo, o casi todo lo que le sucede al protagonista le ocurrió a Dazai. Lo exagera y deforma, no para despertar simpatía del lector, como era habitual en los autores de la novela del yo.

Dazai era un Burai

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Tal vez Dazai no quería simpatizar o empatizar con el lector. Pero lo hizo. Y eso es lo que yo deseo con mi escritura. Con mi historia de vida y situaciones que he pasado a lo largo de los años, establecer un vínculo con mis lectores. Y aunque él ya no lo sabe, hasta le fecha muchas personas, en especial jóvenes, lo siguen y lo admiran como alguien que pudo representar las emociones humanas en sus escritos.

Me atormentaba el mismo dolor de siempre, el que me llevaba a diario al límite de mis fuerzas.

En la introducción, se explica que Dazai era un burai, un transgresor de las convenciones literarias. No seguía patrones, el sólo escribía por el placer que le suponía retratar en letras lo que le sucedía, pensaba o ansiaba. No se sentía a gusto en este mundo; a veces no sentía placer por las cosas y se deprimía con bastante facilidad. Osamu estaba enfermo. No sólo por la depresión que lo llevó a quitarse la vida a los treinta y nueve años —e intentarlo dos veces más sin éxito—; sino también por la bebida, el conformismo; el existir de manera autómata.

La fobia del autor por lo perros se puede interpretar como la aversión que el mundo le inspiraba y del cual repetidamente deseaba evadirse.

¿En serio podía escribir sobre mi vida? ¿A quién le importaría? ¿En verdad alguien se parecía tanto a mí y plasmó sus sentimientos en ciento de novelas? Dazai me mostró con Recuerdos y con la introducción de este libro que sí se puede. Yo no sé si la gente se interesará sobre mi existencia; pero es de lo único que sé, de lo único que puedo hablar. Es lo que deseo contar. Además de que es un medio de desahogo, terapia e inspiración. Me inspira mi propia vida.

Yo era un pétalo que temblaba con la más mínima brisa, siempre a punto de caer. El más pequeño insulto y deseaba morir.

Recuerdos

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Hablar de Recuerdos es hablar de Dazai Osamu. Este libro relata siete recuerdos del propio autor. Conocemos su vida desde niño, el cómo empezó a interesarse por la lectura y la escritura y sobre todo, su forma de ser: sincero, cínico, seco; amargado, honesto, directo y pensativo. En los siete relatos vemos la tristeza con la que el autor vivía su vida, su inestabilidad emocional, el sufrimiento de su vida.

La causa directa parece haber sido su sentimiento de culpa por haberse equivocado de clase social al nacer.

Muchos podrían odiar o amar a Osamu. Incluso autores japoneses reconocidos de la época lo odiaban por ser tan egoísta y habla de él mismo todo el tiempo; por su excesiva preocupación por sí mismo y por los sucesos de su vida. Pero por otro lado, estamos los que conectamos con su manera solitaria, introvertida, deprimida y reservada de ser.

Cuando se suicidó, cumplió su deseo, largamente acariciado, de sacudirse el fardo de una vida por la que sentía una desconfianza demasiado visceral para aguantarla.

También, conocemos la forma un poco ácida del autor. Al estar sumergido en su amargura, es natural que describiera emociones negativas o que no le generaban ningún impacto. Él estaba casado y con hijos, pero no le otorgaban nada. Su familia lo desterró por sus problemas, por estar en la cárcel; por ser una vergüenza. Vivía de los demás, sólo se limitaba a escribir aunque a veces ni eso le producía placer alguno.

Dos o tres días después estaba distraído, con pocas ganas de trabajar. me sentaba a la mesa para garabatear sin ganas. Fumaba, retozaba, me distraía con cualquier cosa, canturreaba…no lo graba completar una página al día de la novela que trataba de escribir.

Su amor por la lectura también es demasiado evidente, especialmente en la niñez. Escribió unas frases tan bonitas sobre los libros que de verdad conectó conmigo. A veces sentía que era yo quien escribía esas frases. En serio, jamás había subrayado tanto en un libro, anotado tantas citas; platicar mediante un libro con alguien.

Siete relatos maravillosos

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Entre los siete, disfruté mucho cuatro de ellos: Recuerdos, el cual explica su niñez.

Aprendí el placer de la lectura solitaria, en silencio. Esa fue la razón de que pudiera terminar un libro tras otro sin cansarme.

Malditos perros, en el que conocemos su odio hacia los perros y que me hizo llorar muchísimo. Cien vistas del monte Fuji, en el que describe con hermosos versos, la montaña más famosa de Japón y que él no disfruta.

El Fuji quedaba justo en medio de las frías aguas del lago Kawaguchi y las silenciosas montañas a su alrededor parecían acunarlo. Era una visión que me confundía, me sonrojaba. Parecía un fresco de tres al cuarto pintado en la pared de un baño público, un escenario tan medido u ordenado, que resultaba ridículo.

En mis viajes a Japón jamás he podido ver el Fuji, pero gracias a sus descripciones me gustaría conocerlo. Tal vez yo sí lo disfrute y lo más seguro es que escriba algún poema o haiku dedicado a él. Pero a Dazai no le producía nada y esa sensación, esa rechazo y falta de placer la conozco muy bien. Entiendo, de una manera cercana, lo que él experimentaba, sentía y lloraba, aunque fuera en silencio.

Y por último: Vuelta a casa, relato en el que narra sus sentimientos al regresar a casa, después de diez años de no saber de su familia, para visitar a su madre enferma.

La felicidad familiar es la raíz de todo mal.

Eso no quiere decir que los demás relatos no sean bueno o que no generen algo en el lector. Ciudad natal es una extensión de Vuelta a casa. Visita de cortesía describe perfectamente lo que es lidiar con personas que nos caen mal o tener que mostrar una máscara de felicidad ante alguien indigno de merecerla. Y Merry Christmas, un relato muy pequeño sobre la recuperación de Japón después de la Segunda Guerra Mundial.

Mi vida, mi escritura

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Lo rectifiqué gracias a Osamu y aunque él ya no esté en este mundo, se lo agradezco. Podría ser de aquellos miles de japoneses que van cada año a su tumba para dejarle flores y cerezas, fruta que le gustaba mucho. La literatura japonesa me lo ha enseñado, me ha mostrado el camino de la manera en que deseo escribir. Cecelia también. Un poco de magia, fantasía y mis experiencias de vida retratadas como poesía.

No sé si alguien me leerá o le interesará lo que escribo, pero tendré en mente a Osamu como un mentor, porque gracias a Recuerdos, en eso se convirtió. Me enseñó la escritura del yo. No es que sea egoísta o que sólo me interese hablar de mi vida, repito que es lo único que conozco y que se me da bien al momento de plasmar. O eso creo. Con Espejismos me sucedió y espero que con mis otros libros suceda igual.

He encontrado mi manera de relatar y lo haré sin miedo porque se puede. Dazai lo hizo.

Recuerdos sólo es el inicio de mi encuentro con Osamu. El siguiente que deseo leer es «Indigno de ser humano»; de seguro una muestra de dolor, sufrimiento y tristeza que se acoplará a mi modo de ser.

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