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Recomendación literaria: Kokoro de Natsume Sōseki

Kokoro es una palabra que últimamente se ha utilizado de una manera errónea, ya que, aunque significa corazón, el significado va más allá de un simple “justo en el kokoro”. (Que por cierto, odio leer y escuchar).

La descripción más acertada sería alma, amor; aquello divino que nos convierte en humanos. Una palabra más allá del uso que se le ha dado, del vacío con el que se ha tratado; ya que, la palabra corazón por sí sola (sin hablar del órgano), transmite mucho más que la frialdad con la que a veces se le relaciona.

Tal ves es porque yo estoy buscando una descripción más poética; algo que he vivido cuando estoy en Japón o esa emoción de amor, tristeza o dolor que he sentido a lo largo de mi vida. Ese sobrevivir ante un mundo en el que, por momentos, siento que le hace falta esa alma; ese corazón.

“La táctica era plantar un cálido sol sobe aquel témpano de hielo hasta que se derritiera. En cuanto el agua congelada empezara a fundirse, antes o después, sus sentimientos quedarían al descubierto.”

Es por eso que, a mi parecer, Soseki logra describir bien lo que realmente significa la palabra kokoro y lo que implica para las emociones; no sólo humanas, sino las que sienten todos los seres que vivos; que tienen un alma y un corazón con el cual pueden sentir.

Dos personajes en una misma historia

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Kokoro cuenta la historia de un joven que conoce a sensei (maestro en japonés) una tarde de vacaciones por la playa. Al principio sensei es muy callado con el protagonista, incluso un poco arisco y desconfiado; pero poco a poco la relación de ambos empieza a desentrañar el pasado de los dos personajes. Especialmente de sensei.

El protagonista de la historia siente una fascinación más allá de su entendimiento por su nuevo amigo; le gustan sus conversaciones, aprende más de él sobre la vida que de sus propios maestros y disfruta de los paseos con el maestro aunque a veces no resulten tan agradables. Sensei no abre su corazón, es una persona fría y seria; incluso él no sabe la razón del por qué el protagonista está tan interesado en él y en su vida. Según sensei, él no tiene nada qué enseñar.

“Sensei aborrece el mundo en genberal. Puede que de hecho deteste a la humanidad enterara. En ese sentido y teniendo en cuenta que yo formo parte de esa humanidad; es posible que sienta algo parecido por mí.”

Poco a poco el carácter de sensei empieza a florecer y así como el protagonista que quiere conocer el pasado de su amigo; el lector desea comprender por qué el maestro se comporta como lo hace, por qué odia a la raza humana y el por qué se volvió tan serio y apartado de la sociedad.

Por otro lado, sensei tiene un secreto. Cada año va al cementerio para ver a alguien. El protagonista intuye que esa acción tiene que ver con su pasado, algo que lo marcó tanto que convirtió en piedra su corazón y que hace que no disfrute de la vida.

Al final del libro, el maestro le envía una carta al protagonista donde le cuenta su vida; el por qué odia el dinero, al ser humano y la razón detrás de esa tristeza en su corazón que lo envuelve en una oscuridad imposible de iluminar.

El alma de Soseki

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En la introducción del libro, se menciona que después de cierto incidente que tuvo Soseki, su escritura cambió mucho. Dejó atrás la crítica social, el humor negro y el sarcasmo para dedicarse a las emociones humanas. Puedo ser testigo de ese cambio ya que, tras leer “Soy un Gato“, una de sus primera historias donde critica el comportamiento humano a través de los ojos de un gato; el cambio que presenta con Kokoro es muy significativo, diferente y más emocional.

Eso no quiere decir que haya abandonado su manera de ver al mundo y a la humanidad; sólo que en este libro lo presenta de manera distinta, más sutil, poético y sentimental.

Gracias al personaje principal, el cual no tiene nombre, entendemos cómo es que vemos a las demás personas; en especial cuando éstas sufren y sus acciones hablan por ellas. Soseki sabe muy bien cómo describir los sentimientos humanos para que, tanto el personaje como el lector, se den cuenta de que algo le pasó a sensei. Algo que lo marcó de por vida, que lo atormenta y que lo persigue en su modo de odiar a la raza humana; de compartir una vida matrimonial y de existir en el plano terrenal sin nada que le interese más que leer un poco, salir a pasear y visitar la tumba de aquel personaje misterioso.

“¿Debo continuar así, como una momia que camina entre el mundo de los humanos o bien…? Cada vez que escuchaba ese ‘o bien’ en mi corazón, me estremecía. Me sentía como si corriera hacia un precipicio; y en el último momento me detuviera a contemplar el abismo sin fondo.”

La verdadera naturaleza de sensei la conocemos hasta que describe su historia al final, en una carta que le envía al protagonista. Una carta extensa donde relata su odio hacia el mundo, el dolor que carga sobre sus hombros, la culpa que le carcome y el por qué se convirtió en la persona que es.

Somos quienes somos gracias a nuestro corazón

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Con esta novela, y con la carta de sensei, conocerás lo que significa realmente “kokoro”. Las emociones y la humanidad que tenemos como seres humanos; el hecho de querer amar, pero no poder hacerlo por temor. La culpa, odio, vergüenza y rencor. Cada una de nuestras decisiones, de nuestras experiencias y lo que vivimos en el pasado nos hacen ser quienes somos.

No existió mayor enseñanza de sensei hacia el protagonista que la historia de su vida. Sin ella, el maestro no sería aquel hombre misántropo cuya finalidad era mostrarle al muchacho una lección de vida que sólo se puede enseñar con la apertura del corazón; con la verdad del alma y con el vendaje que debe caer de los ojos de todos los seres humanos.

“Sensei era un hombre capaz de amar, de hecho, lo hacía intensamente; aunque era incapaz de abrir sus brazos y aceptar en su corazón a alguien que pretendiera entrar en su vida.”

El protagonista lo empieza a comprender. Gracias a sensei y a su esposa, él se abre ante su propia familia, se preocupa por ella y los visita cuando su padre cae enfermo. Gracias al maestro, el joven comienza a formar su camino, a crecer como individuo y a ver el mundo de distinta manera.

No es mentira que alguien que ha pasado por muchas experiencias, buenas o malas; alegres o traumáticas; desarrolla un grado de madurez emocional diferentes a las personas que no han vivido hechos específicos. Crea una especie de coraza o herramientas para la vida diaria que le ayudan a sobrevivir. Una especie de sabiduría que los demás logran ver y que, así como el protagonista; buscan un poco de ese conocimiento para continuar con su propia vida.

Mi propio corazón

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Ilustración por irangbi

En todo momento, sensei, además de enseñarme muchas cosas, me atrapó como persona y me identifiqué con él. Muchas de las frases que él decía; la forma de alejarse del mundo, de odiarlo y de referirse a los seres humanos; hacía que me acercara cada vez más al personaje.

“Esa burla esconde la amargura de alguien que desea amar y no lo consigue.”

Aunque el protagonista es el chico universitario, el maestro fue quien se llevó mi corazón. Quería saber su historia, deseaba conocer el por qué era así ante el mundo; lo que le había sucedido como para ser tan frío, solitario y cerrado ante el cariño de los demás.

Creo que las experiencias fuertes nos cambian, para bien o para mal. Lo he demostrado a lo largo de mi vida y sensei me lo mostró una vez más. Su pasado traumático hizo que su forma de ser y su postura ante el mundo fuera arisca, amargada y nostálgica. Cuando terminé de leer la carta de sensei no pude contener el llanto. Me imagino que el protagonista se sintió igual.

“No es que no confíe en ti, no confío en la humanidad en su conjunto. No confío en mi mismo. Por eso no puedo confiar en los demás. Y soy el único culpable.”

Kokoro es una historia de confianza, de soledad y de muchos sentimientos de tristeza, abandono y miedo. Tal vez por eso disfruté tanto de sus páginas; saqué muchas frases y me identifiqué con el personaje de sensei. Un humano incapaz de existir en el mundo, alguien que desea amar pero le resulta imposible; alguien que acarrea una culpa incapaz de olvidar.

“[…]profunda desconfianza ¿había llegado a ese estado después de observar con una mirada fría e inerte su corazón al mundo que lo rodeaba?”

Te invito a que leas kokoro. No es una lectura fácil. Es lenta y sin mucha acción. Poética, filosófica y humana. Tal vez un libro que no es para todo el mundo. Pero si llegas a terminarlo —o después de que leas mi enorme reseña—tu percepción por la palabra “kokoro” cambia; entonces el libro y mis letras habrán cumplido su finalidad.

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