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Escritura,  Inspiración

Inspiración: La magia de los cuentos cortos

Cuando comencé a escribir, me incliné por las historias cortas; aquellas que no necesitaban entrañar la vida de muchos personajes o que tienen tramas kilométricas como la de Anna Karerina. Y aunque al inicio me dediqué a escribir puro fan fiction, mis historias no eran muy largas porque para mí, con pocas palabras, la historia ya estaba terminada.

Lo que sí sé, es que hace unos siete u ocho años, después de que terminé de leer “Si pudieras verme ahora” de Cecelia Ahern; mi escritura cambió mucho y el cuento fue la vía más rápida para crear historias. En ese momento no había tomado talleres ni leía cuentos. Mis libros eran completamente de novela —ahora ya estoy más familiarizada con el cuento o la novela corta, pero eso fue muchos años después—.

El primer cuento que terminé fue “El placer de la lluvia”; historia que estará incluida en mi antología de las cuatro estaciones en un futuro próximo. Y cuando lo terminé —y me lo revisaron en mi clase de creación literaria— estuve muy satisfecha con el resultado porque, en treinta hojas, conté todo lo que deseaba transmitir. Lo mismo sucedió con las demás historias de esta misma antología.

Desde ese momento, los cuentos se volvieron parte de mi escritura y cuando conocí los cuentos cortos, supe que ahí era donde podría explotar más mi capacidad. He ganado un concurso de micro cuento y he sido finalista de dos concursos de cuento. Y no es porque quiera presumirlo —bueno, tal vez un poquito—; más bien quiero mostrar que es un género que, además de que me gusta escribir, los resultados me dicen que no lo hago tan mal. O eso creo.

Pero, ¿dónde radica la belleza de los cuentos?

Cuentos

A mi parecer, la belleza radica en contar una gran historia en pocas palabras. No es nada fácil. Después de mucho tiempo tomé un taller exprés de relato corto y comprendí que no es tan sencillo como yo creía —y escribía—.

Muchas veces he participado en pequeños retos cuyas reglas son escribir una historia en veinte palabras o algo similar. Incluso en mi fan page de literatura y escritura, lo he puesto en práctica. Creo que hacer que el cerebro busque las palabras exactas para contar una historia es la belleza de los cuentos. 

Una novela también es compleja. Está llena de trama, personajes secundarios y muchas palabras. También es un gran reto en el que aún no he podido incursionar y que me encantaría lograr. Una enorme historia con varios personajes, capítulos y situaciones. Algo que no tiene el cuento.

En algo tan pequeño sólo existen los personajes básicos; una buena profundidad de los protagonistas y una historia que enganche desde el inicio. En un cuento el problema o el climax se presenta desde el inicio, ya que no existe mucho espacio para desarrollarlo. Si no, sería una novela.

Mi propia experiencia cuentos

No soy una experta, lo que digo es por lo que hago, he leído en blogs o aprendido en clases. En estos momentos lo único que escribo es “poesía“, relatos cortos y una unión de pequeñas historias en algo más grande.

Por ejemplo, para crear “Chiyoko” necesitaba un máximo de veinte mil palabras con espacios. Un reto que me costó. ¿Por qué? Porque mis cuentos los escribo como se me vienen a la mente. Yo me quería explayar, explicar más sobre Japón; sobre el té; las costumbres y la experiencias que he tenido en el país bajo el personaje de Diana. Pero entonces no hubiera sido un cuento.

Si me hubiera extendido como yo quería, con todas las descripciones y demás escenarios; en primera, hubieran sido más de veinte mil palabras. Y en segunda, hubieran salido más personajes, más diálogos y descripciones que hubieran convertido al cuento en una novela corta.

Otro ejemplo es mi cuento “Nuestra Boda“; una historia que fluyó sin ningún percance —hasta su revisión—. Nuestra boda es un cuento de tres páginas que narra el amor, obsesión y atracción del personaje principal por su amigo de la infancia. La historia es sencilla y no existen muchos personajes. Describo un poco el pasado; pero no ahondo dentro de ello ni cuento los sucesos por días, semanas o años.

No sé si me explico.

En “El placer de la lluvia” existen varios personajes. Pero los principales son una pareja. En torno a ellos gira la historia, no hay más.

Cuando lo escribí quise relatar la vida de los compañeros de trabajo de ella que no eran relevantes porque después no los retomaba. Si esta historia fuera una novela, hablaría de la vida de los demás; existirían personajes secundarios llamativos e incluso, tramas alternas a la principal. Fue algo que me dijeron en mis clases. Tuve que quitar esas descripciones que tenía de más para centrarme en mis protagonistas y así, lograr un cuento de casi cuarenta cuartillas.

Si tuviera la oportunidad, esta historia, que es de mis favoritas, podría hacerla una novela y escribir unas doscientas páginas, pero no. En pocas cuartillas logré transmitir lo que deseaba.

¿Qué sucede con los micro cuentos?

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Un reto todavía mayor porque es contar algo en máximo una cuartilla. Por ahí he leído que lo ideal son máximo doscientas, pero existen micro cuentos de cinco palabras. El punto es encontrar la manera que más se acomode a nosotros para contar una historia.

También tengo publicado un micro cuento llamado “Siempre el mismo viernes“. Con ese micro relato hice mis tareas en el taller de micro cuento; la maestra me ayudó a darle ese enfoque que necesitaba para llegar a ser parte de una publicación. Lo importante en un micro cuento es hacerle ver al lector quién es el personaje, algunos detalles y un final sorprendente. También se vale dejar a la imaginación al lector. No por nada “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” de Augusto Monterroso se ha vuelto tan famoso.

El micro cuento es un género que sigo descubriendo. Últimamente en el sitio he escrito algunas historias cortas de romance y terror porque disfruto mucho de crear una historia pequeña. De la nada me llega alguna idea, la escribo, la corrijo y ya está. Tengo un cuento corto para presentarles en el blog. Un cuento para meter a concurso o algo que escribí para no dejar atrás el hábito de escribir diariamente.

Aún me hace falta mucho aprendizaje sobre cuento, cuentos cortos o micro cuentos. Los concursos me ayudan a experimentar, tomar clases y seguir escribiendo este género que me gusta mucho. Pero al menos, mis cuentos poco a poco están saliendo a la luz y eso, lo agradezco infinitamente y me motiva a seguir escribiendo más.

En resumen

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En resumen podría decir que la belleza de los cuentos es que no necesito meses para llevar acabo la historia. No tengo por qué hacer capítulos ni hacer un mapa previo de lo que quiero contar. En un cuento la historia la desarrollo al inicio y solita llega a su final. En una novela hay que armar los capítulos, personajes; tramas secundarias —si es que hay— y más líos de los cuales, a veces me da mucha flojera. Pero eso no quiere decir que no desee entrar al mundo de la novela. Aunque, aún no lo sé.

Tal vez los cuentos cortos fueron hechos para mí y por eso se me hacen tan llamativos. No son sencillos, pero me divierte más escribir algo pequeño que dice mucho, que algo grande que dice algo, también grande.

Por ahí dicen que menos es más y creo que esa es la verdadera belleza de los cuentos cortos.

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