obra terminada
Escritura,  Experiencia,  Vida Diaria

Vida diaria: ¿Qué hago cuando ya tengo una obra terminada?

Nada…

Bueno, la verdad es que, aunque esté terminada, no quiere decir que ya esté al cien por ciento.

Cuando termino una obra, entra al proceso de revisión y corrección. Algo que es cansado, pero a la vez le he tomado un poco de cariño. Pero, en lo que la obra fuerte está en proceso de revisión, ¿qué es lo que hago? Me pongo a escribir otras cosas.

Mi cabeza e imaginación no para de dar vueltas, siempre quiere estar escribiendo algo. A veces no puedo, les juro que no. Pero cuando estoy activa, empiezo a armar historias nuevas, historias pequeñas que tal vez se vuelvan en algo grande; escribo frases o poesía, micro cuentos, en mi diario o aquí en el blog. Trato de tener la mente ocupada en algún escrito, sin importar cuál sea.

Por ejemplo, ya terminé Delirios de un corazón roto y puede que pronto ya esté al quinientos por ciento y hasta de manera física. No quiero anticiparme, pero la novela va por buen camino. Espero que siga así y puedan leerlo pronto.

Entonces, ¿qué es lo que estoy haciendo ahorita? Aparte de nada, porque de verdad, después de escribir algo tan grande quiero descansar, leer y no pensar en textos nuevos; estoy escribiendo un par de cartas, unos cuentos que tengo por ahí sin terminar; sigo con el reto de un poema por día y plasmo mis sentimientos en mi diario personal.

El punto es no dejar de escribir. Aunque sean historias sencillas que jamás verán la luz. Algunas otras puede que trabajándolos y corrigiéndolos se vuelvan algo grande. Pero creo que mi atención está puesta en la obra terminada, así que sólo escribo por el simple hecho de que mis manos —y mi cerebro—sigan con la práctica de escribir diario.

Cuando una obra está terminada, lo mejor es seguir alimentando las letras

obra terminada

Ya sea leyendo, llevando un diario de lecturas, estudiando o, como ya mencioné arriba, seguir escribiendo.

Cuando una obra está terminada, lo mejor, para mí, es descansar o si no, mi cerebro se satura. Repito que por ahí escribo algunos pensamientos o ideas. Trato de no presionarme al pensar en el siguiente libro o la próxima historia. Sino, me volveré loca y querré escribir cualquier cosa, algo que no sea bueno o que esté mal escrito.

Lo que hago es describir algunas situaciones y no forzar una historia. Como también ya mencioné, tal vez ese texto nunca salga a la luz y está bien. Los escritores tenemos muchas, pero muchas historias en papel o en la computadora que jamás saldrán, que nunca serán leídas porque fueron escritas para nosotros mismos. Puede que algunos de ellos sean potenciales para crear algo nuevo, una idea diferente o que, al trabajarlos, recortarlos o aumentarles algo; se conviertan en algo bonito: una historia para el blog, una anécdota; la trama de una historia más grande, el cuento para una antología.

Escribir me ayuda mucho a vaciarme, a calmarme, a estar bien. Por eso, cuando ya terminé una obra, intento —y quiero recalcar el intento— que todo lo que escribo sea de manera relajada, sin obligaciones, sin que yo esté detrás de mi diciéndome a cada rato: tienes que escribir.

Tal vez de esas pequeñas frases o diálogos salga algo maravilloso al final o tal vez no, pero lo importante es que, cuando ya tengo una obra terminada, no deje de seguir con la práctica de la escritura. Tengo muchas cosas por contar y mucha imaginación e ideas para plasmar por lo que, mientras no lo deje, todo está bien.

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