Corrección de textos
Experiencia,  Vida Diaria

Corrección de textos, ¿cómo son?, ¿cuál es mi método?

He hablado mucho sobre la corrección de mis textos —o los de alguien más—; pero nunca les he contado cómo lo hago ni cuál es el proceso que más me ha servido —o al que menos le tengo pavor—. Ya sea para concurso o para una obra mía, hago mínimo cuatro correcciones. Pero, ¿en qué consisten? Les explicaré mejor:

Corrección de textos, ¿cómo son?, ¿cuál es mi método? Corrección de textos

Cuando termino un texto, lo primero que hago es dejarlo un momento olvidado por ahí. Me concentro en otros textos breves y cuando ya pasaron algunas semanas —o días si es un concurso—vuelvo a darle una leída.

Mientras lo voy leyendo anoto algunas incongruencias y cositas que me gustaría cambiar, quitar, aumentar o reescribir. En este proceso también voy revisando la ortografía, repetición de palabras y la redacción. Cuando ya tengo esas anotaciones, ahora sí viene lo bueno —y lo feo—. Empiezo a cortar, escribir, acomodar, quitar; volver a escribir, borrar, ordenar y volver a escribir. Es un proceso que antes lo odiaba mucho, pero que ahora le tengo cierta estima. Me pesa, sí, pero ya no tanto como antes.

Es un momento cansado y un poco aburrido. Es revisar que todo esté en orden y que el texto sea coherente. Además, me sirve para conocer más mi historia y a mis personajes y así seguir aumentando escenas o diálogos, o quitar lo que sobra.

Es duro tener que borrar algo que ya había escrito y decir «esto no sirve». Es cansado tener que investigar algo que tal vez e me había pasado por alto o darme cuenta de que me volé la barda en algunos lugares. También tiene sus partes buenas. Es increíble darme cuenta de las frases que escribí, de los escenarios, diálogos y momentos donde descargué mucha pasión, dolor y alegría. En este momento es cuando más le pongo atención al texto y cuando entro en conflicto: ¿Estará bien así? ¿Será lo suficientemente bueno? ¿Tal vez exageré? ¿Y si no lo enseño? ¿Y sí, y sí…?

Ya con las correcciones de ortografía y de la trama, sé que el texto ya está casi al cien por ciento y es cuando llega el pánico; pero lo bueno es que existen mis lectores cero y las reuniones de creación literaria.

La fase de la lectura conjunta

Corrección de textos

Imparto un taller de creación literaria para ayudar a escritores nuevos como yo a creer en sí mismos y a mostrar sus textos; pero también lo hago con mi círculo de lectores cero.

¿Para qué me sirve? Principalmente, es el paso decisivo de sacar ese manuscrito escondido al mundo. Cuesta mucho trabajo que alguien más te lea, o bueno, a mí me da mucho pánico; pero con esta actividad, que es la misma que imparto en mis talleres, la confianza regresa al final de cada sesión.

Lo que hago es repartir un capítulo o una sección de mi historia a mis lectores. Después me pongo a leer el texto en voz alta. Es muy diferente leerlo en la mente que en voz alta, ¿por qué? Porque así logro ver el énfasis que le doy al texto, los diálogos y errores que no se notan cuando lo reviso en la computadora. El tener el texto impreso también ayuda mucho a ver algunas equivocaciones y cosas que debería cambiar o acomodar.

A la par, mis lectoras van subrayando o haciendo anotaciones de lo que les gustó, de algunos tropiezos o de algo que debería de cambiarle. Después viene la fase de la retroalimentación. Al inicio confieso que me daba terror que me dieran sus opiniones. Para mí todo el escrito estaba mal y era una reverenda basura; pero con el tiempo —y gracias a que he mejorado por los consejos, comentarios y aprendizaje— ese terror ha disminuido un poquito, sólo un poquito.

Gracias a lo que me dicen, logro ver en qué estoy fallando y lo que debería de cambiar. También me percato de lo mucho que he aprendido, crecido y que mis historias le gustan a las personas. Con alguna crítica constructiva, también hay un aplauso y eso me motiva. Me hace seguir escribiendo.

Las fases finales

Corrección de textos

Después de que ya me dijeron lo que tengo que modificar y en lo que estoy bien, viene ese momento de, una vez más, corregir el texto. Y es volver a leerlo todo para hacerle las modificaciones pertinentes. Ya sea de ortografía, redacción o de la trama en general. Siempre se me van algunas comas o un punto de más; acentos o cositas así por lo que, es bueno que en la tercera revisión le preste más atención a estos aspectos.

Además, una de mis lectoras es maestra de ortografía, por lo que, además de corregir la trama, me ayuda con los signos de puntuación. Ella también va a los talleres de creación literaria, un plus para los escritores a aprender a colocar bien todos los puntos, comas y acentos.

Y entonces, cuando ya está al noventa por ciento, se lo envío a mi maestra y ella lo revisa una vez más —ya en plan de estilo y ortotipográfica— para que éste se mande a imprimir. Al parecer en la edición le dan otra revisada y la editora sugiere algunos cambios. Otro proceso pesado porque es volver a leer el texto y ver cuáles son las correcciones que ya se hicieron profesionalmente por una editorial. Aplica también para concursos.

En total, el texto lo leo como seis veces, por eso termino harta y sin ganas de saber de ese texto otra vez. Lo bueno es que mientras sucede eso, yo me pongo a escribir otra cosa para olvidar el texto que estoy revisando en ese momento; si no, me cabeza explotaría.

Pero lo que es aún mejor: la revisión de textos sirve para crecer como escritora, conocer los errores, corregirlos, aprender y así crear textos mucho más limpios, profesionales y dignos de lo que deseo transmitirle a mis lectores.

No es nada fácil la corrección de textos. Por eso todo el mundo el huye y odia esta etapa, pero es tan importante e imprescindible para tener una buena obra. Así sé que no estoy presentando algo horrible. Cuesta —a mí me fastidia mucho—, pero es necesaria y se debe pasar por estas etapas si queremos un texto bien trabajado, bonito y bien hecho.

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