momentos de la naturaleza
Experiencia,  Inspiración

Inspiración: Sutiles momentos de la naturaleza

La naturaleza tiene tantas magia por ofrecer que sería muy ciega e insensible si no me diera cuenta de ello al momento de escribir. El medio ambiente siempre ha sido uno de mis más grandes «musos»; lo utilizo para describir escenas y para conectarme con mis emociones, con el instante que está sucediendo en ese momento y así, poder ponerle palabras a lo que siento. Pero a veces no era lo suficiente.

Por eso estudié Haiku y aunque me falta mucho por aprender, trato de que esos pequeños momentos, me llenen tanto que me den ganas de escribir algo. Ya sea un Senryu (un haiku, pero sin palabra de estación); un pensamiento o un poema.

Como ya he mencionado antes, no soy poeta, pero escribo mis sentimientos con tanta intensidad, que, para mí, lo que escribo es poesía.

Y son esos sutiles momentos de la naturaleza los que me permiten abrir mi corazón, ser una con mi entorno y sentir en mi piel, en mis sentidos; en mi alma, algo tan maravilloso que debo expresar con palabras.

Sutiles momentos de la naturaleza

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Por ejemplo, hace algunos días estaba recostada en mi cama mientras veía el cielo azul. Le daba forma a las nubes y escuchaba el cantar de las aves. Cerré los ojos y de la nada, una ligera brisa entró por la ventana abierta y acarició mi rostro. Fue ahí cuando algo se removió dentro de mí. Le puedo llamar de distintas maneras: magia, inspiración, poesía; pero lo que hizo fue ponerme de pie y comenzar a escribir. Tal vez no es la gran historia, ni el poema más hermoso del mundo; pero para mí, el describir ese momento y las emociones que me causó el instante, es lo que me hace pensar, una y otra vez: por eso escribo, por eso vivo.

Cuando estuve en Japón me sucedió algo similar. Veía tantas cosas hermosas y sentía tantas emociones que necesitaba, de alguna u otra forma, ponerles nombre, darles rima; crear magia con el hechizo que el viento, el paisaje o la calma, depositó dentro de mí, la portadora, para darle un sentido.

Uno de mis proyectos literarios más antiguo, el de La 4 estaciones, está basado en estos momentos, en la naturaleza y en la magia que existe a nuestro alrededor. Por varios motivos aún no he sido capaz de sacarlo a la luz; pero esta dulzura es el eje de los ocho cuentos de esta antología.

Las inmensidad de lo pequeño

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El budismo dice que hay que estar más al pendiente de estos momentos tan simples, pero que son tan sanadores y que llenan aquellos vacíos que a veces sentimos en el corazón. La literatura japonesa y el sintoismo, incluso su idea del ikigai —de lo que ya hablaré en otra ocasión—son el eje de sus historias. No hay libro que no relate la naturaleza, los sentimientos que ésta provoca en los personajes y la importancia de la luna, las nubes o del mar.

Por eso la poesía japonesa y el haiku son capaces de arrebatar el aliento. Porque conectan las emociones humanas con la magia y la simpleza de la naturaleza. Y es algo que me encanta, que se adecua a mi manera de pensar, de ver al mundo y, por supuesto, de escribir.

Esos instantes son eternos a pesar de que sólo sucedieron en un segundo. El caer de una flor, el sonido de las hojas al pisarlas; el viento que mueve el cabello, una nube que tapa el sol; la luna que se cuela por la ventana, la estrella que titila cuando la vez fijamente…La lluvia que golpea el cristal, la nieve que se derrite en las manos; el volar de una mariposa, el olor del rocío en las mañanas.

Cada instante es el universo entero: infinito, cíclico y reparador. Ese deleite es por lo que vale la pena seguir con vida; por lo que vale la pena seguir escribiendo.

Son sutiles momentos de la naturaleza los que me inspiran, reparan un alma rota y que alivian un corazón herido. Son segundos que entregan un sinfín de sentimientos y una serie de palabras que son acomodadas por artistas; por personas que ven en un instante, la poesía de la vida misma.

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