síndrome ansioso depresivo
Vida Diaria

Vivir con síndrome ansioso depresivo

No estaba muy segura de escribir sobre esto porque existen mucho mitos, discriminación y falta de información acerca de ello. También porque me daba vergüenza o porque no quería que se supiera la razón detrás de mis ausencias. Pero al final lo creí conveniente para explicar ciertas actitudes mías hacia ustedes, hacia las redes sociales, mi blog y mi alejamiento en general.

Lo confieso, vivo con síndrome ansioso depresivo crónico y estoy medicada por un psiquiatra desde hace dos años para controlar esta enfermedad.

¿Por qué se me hizo importante mencionarlo? No lo sé. Estaba sentada lista para escribir en la compu cuando se me quitaron las ganas y me quise acostar en mi cama a no hacer nada. Este tipo de reacciones me suceden casi todo el tiempo, es muy difícil para mí levantarme de la cama y comenzar el día. Entonces, si algo tan simple como comer o bañarme me cuesta, imaginen el escribir o estar pendiente de mis redes sociales.

Además, con la llegada de la pandemia, esta enfermedad se agravó y, si de por sí me costaba tener un orden, un calendario y creatividad para hacer mis actividades diarias, con el confinamiento la cosa se puso peor.

Cuando me desaparecí hace unos meses fue por lo mismo, después cambié de tratamiento psicológico que me ayudó, pero desde octubre mi productividad ha bajado otra vez. Incluso hasta he dejado de leer. Lo que más me apasiona en el mundo, por momento, no tiene sentido para mí.

La dificultad de vivir con síndrome ansioso depresivo

síndrome ansioso depresivo

No lo utilizo como pretexto, simplemente quise escribir sobre esta enfermedad porque, hace mucho tiempo que no escribo y es triste. Los abandoné en Facebook porque, además de que no me gusta el algoritmo y estoy peleada con la red social porque sólo sirve si le meto dinero, no tenía (tengo) ganas de crear contenido. Abandoné el blog, Instagram y Twitter. Dejé de hacer podcast, videos y demás cositas que les entregaba todos los días.

Una amiga mía me ayudó con el calendario de publicaciones, a hacer que mi marca, mis libros y mi escritura fuera leída por las personas y yo misma lo he dejado de hacer. A veces me culpo, a veces digo «nadie me está presionando, has todo a tu tiempo», pero es una carga de pensamiento tan fuerte que me genera este efecto de ansiedad y tristeza constante en mí.

Tengo mil proyectos de escritura y no termino ninguno. Tengo material para hacer videos o lives y no lo hago. Incluso me cuesta escribir un Tweet.

¿Cómo le hacía antes, cuando trabajaba? La verdad es que no lo sé. Confieso que lo que más me cuesta es comenzar algo porque mis pensamientos negativos se dan vuelo. Cuando ya empecé hay de dos: o me detengo en algún momento o lo termino. Como este post. Mientras lo escribo estoy pensando en que sería mejor no publicarlo, en lo que pensarán las personas que lo lean, en seguir manteniendo el secreto detrás de la máscara. Pero al final, si desean conocerme como escritora y comprender algunos de los poemas, cuentos y textos que escribo, es por lo mismo. La verdad es que la tristeza es la que marca mi ritmo de vida y por eso casi todo lo que escribo tiene ese tinte melancólico.

Yo sé que a muchos de mis lectores les gusta. No es fácil retratar la tristeza y tampoco es fácil vivir con esta enfermedad, por eso decidí contarla, para que supieran un poco más de mí.

Un libro sobre mi síndrome

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Lo tengo en mente, sí. Me gustaría escribir sobre esto para ayudarme a mí y a personas que pasan por lo mismo. Lo ideal sería para personas creativas que padecen del mismo síndrome, pero mientras le llegue a la persona que lo necesite, me da consuelo.

Como mencioné al inicio, no es un tema del que se hable mucho. Creo que apenas se está haciendo conciencia sobre la salud mental y llevo años con esta enfermedad. Y cuando digo años, son años. Yo creo que desde que era una niña, más nunca se me había diagnosticado hasta hace dos años donde todo se salió de control.

Pero no todo es tortura y dolor. Me han pasado cosas maravillosas y he aprendido técnicas hermosas para sobrellevar esta enfermedad. La meditación es una de ellas. El té es lo mejor que me ha sucedido. Los libros que, a pesar de que luego no me apetece leer ni me dan placer, siguen acompañándome sin fallarme ni una sola vez, aunque a veces los tenga en mi librero sin abrir.

Tal vez en un futuro escriba algo auto biográfico o relacionado a esta enfermedad. Creo que es muy importante que existan más experiencias personales que ayuden a otras personas que tienen miedo, que pasan por lo mismo y no lo saben y, sobre todo, que existe una manera de salir adelante.

Lo escribo como si fuera la receta de cocina más fácil del mundo, pero no lo es. Lo escribo porque en estos momento me siento bien como para escribirlo, sino, seguirían sin saber de mí durante varios días más.

Han sido años, muchos años de terapia, de crecimiento personal, de experiencias, dolor, lágrimas y miedo, mucho, pero mucho miedo. Y así continúa. A veces en menor medida, a veces en rojos, pero ahí está y, aunque sigo sin aceptar del todo lo que me sucede, creo que es un gran paso el que les hable de lo que me sucede para que tengan en mente que no los abandono, que no significa que no me interesan mis lectores, que de verdad los tengo presente, sólo que a veces mi enfermedad y mi mente puede más conmigo.

La dificultad como escritora y lectora

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Existe algo llamado anhedonia. Significa la pérdida de placer al hacer cosas que antes nos gustaban. En mi caso es la lectura, número uno; la escritura, numero dos y los videojuegos, número tres. El último no es tan importante, el primero si es como para morirse. ¿Cómo puedo vivir sin leer, sin disfrutar de la lectura? Pues así estuve un tiempo y estas semanas está de regreso.

Cuando me sucedió eso no me sentía yo. Como si hubiera perdido un órgano de mi cuerpo, incluso hasta el alma. De verdad que, dejar de disfrutar de la lectura, de mis libros hermosos, fue y es horrible, inimaginable, impensable; pero sucede.

Ahora, ¿qué pasa con la escritura? Bueno, llevo casi lo de la cuarentena sin escribir algo nuevo. Tengo historias pasadas que medio he corregido. Incluso entré a varios concursos, uno de ellos el más dificil de todos y un gran reto para mí: el concurso Mauricio Achar de novela.

Confieso que Delirios de un corazón roto me cansó. No sólo al escribir tantas páginas y tener que corregirlas. Eso fue bastante pesado, pero también por la carga emocional que tiene la novela. Terminé arrollada por un tren.

Después de eso, escribí algunos poemas y frases, incluso me inventé un seudónimo para tener otra perspectiva de mi creatividad como escritora, pero todos mis proyectos están ahí sin tocar y siento feo por ellos, por mí y por ustedes. Tanto que quiero contar y sin ganas de querer sostener el lápiz o el teclado. Tanta magia, tantas emociones y prefiero estar en cama escuchando música (porque esa pasión sigue sin moverse y, la verdad, agradezco que la música siga siendo mi motor).

Lo bueno de todo es que voy saliendo, me estoy tratando y continúo con mi crecimiento. De verdad espero que mi bloqueo desaparezca pronto y logre escribir todo lo que tengo en mi cabeza. Mientras seguiré leyendo mucho, escuchando toda la música que pueda, bebiendo té y hacer el contenido que en ese momento me apetezca hacer. Como ya dije, sólo mi mente es la que me regaña por no hacer las cosas, no tengo a nadie atrás con el látigo. Tengo todo el tiempo que necesite para hacer lo que deseo hacer.

Espero que esta confesión sobre mi síndrome ansioso depresivo no cambie tu percepción hacia mí. Tal vez con esta idea en mente logres entender más mis textos y la manera en que escribo. Eso sería maravilloso porque mis textos están basados en lo que me sucede, en mis emociones y en la manera en que percibo el mundo que me rodea.

Todas las imágenes son de un artista japonés llamado Avogado. Es un artista que plasma muy bien lo que siento. Son ilustraciones fuertes. Por eso me gusta.

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