Jamás dejes que vean que te hirieron
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Poesía en prosa: Jamás dejes que vean que te hirieron

Escuché una vez «jamás dejes que vean que te hirieron». Es de mi película favorita, creo.

Cuanta razón tiene el personaje, que como yo no pudo soltar una lágrima en el momento justo, no era necesario hacerlo.

Sentía miedo, claro que sí. Será una sentimiento que jamás se irá. Un bucle infinito de alegría y corazones rotos. ¿Cuántos tengo que soportar? Una pregunta que no tendrá final.

Las palabras se escriben solas en las hojas, es el único método que conozco para liberar. Así lo hice una vez, lo podré repetir cuantas veces lo necesite. Reiterar una y otra vez que si tú no me lograste matar, lo demás lo podré superar. Así de simple, no existe otra oportunidad.

Y lo escribo en mi cuaderno, lo tatúo en mi piel como el amor que una vez te tuve y que con sangre se pintaron tantas flores. Me arrancaste el alma aquella noche, juré que no repetiría mis errores.

Crecí, crecí y crecí hasta convertirme en una mujer fuerte. Al momento de mostrar cariño nuevamente, el miedo no se apoderará de mi mente. Sé que jamás se irá, siempre estará. Es parte de mí, un riesgo que sentiré cuando vuelva a amar una vez más. Pero ahora el suelo no me tumbará, mi alma no se romperá. Tengo toda la ayuda posible, existe el universo que me permite sostenerme.

Si tú no me pudiste matar, aunque mucho lo intentaste, abrirle el corazón de nuevo hacia alguien, será tan difícil como la falta de aire y tan fácil como acomodar las letras en su lugar.

Aquí me encuentro, escribo un nuevo poema, uno que me recuerde la herida del pasado que sigue sanando. Que solo sirve para ayudarme a recordar que soy una mujer nueva que ama, recibe heridas y, al final, vuelve a salir viva.

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