• ella

    Serie de microcuentos de noche #2: Ella

    Apagué la computadora. Miré el reloj. Eran las tres de la madrugada. De tanto escribir quedé cansado de la vista. Necesitaba dormir, pero la novela en la que trabajaba no me dejaba tranquilo. Fue en un sueño. La conocí encima de un risco, al anochecer. Me dijo que tenía que escribir sobre ella, sobre su vida; que todo el mundo tenía que saber lo que le sucedió. Llevaba tres días sin dejar de escribir. Dejé mi trabajo, mi vida y me dediqué a las tazas de café y a las palabras que salían sin control gracias al golpeteo de mis dedos en el teclado. Pero finalmente el cansancio me venció.…

  • camino

    Microcuento #6: Camino

    Ambas carreteras estaban frente a ella. El camino de la derecha dibujaba una ce perfecta, lisa, apacible y que se perdía entre los árboles. De lado izquierdo, el sendero gris serpenteaba como si jugase con el follaje; inquieta y traviesa para perderse en la lejanía color verde. Ahí estaba ella, de pie en el centro de estas dos vertientes. Aún no decidía cómo sería su nueva vida: pacífica, lineal, recta y directa como el camino de su derecha; o intensa, cambiante, aventurera e intranquila así como el trayecto de la izquierda. Estaba a punto de nacer y no sabía qué rumbo tomar. La vida se resumía en aventuras, atrevimientos y…

  • cafetería

    Pensamiento #3: En la cafetería

    ¿Cuál es la razón de mi existencia? Miro por el gran ventanal de la cafetería. Las personas de afuera caminan inmersas en su mundo, una avalancha de pensamientos, ideas, mentes y sueños se mueven del otro lado del cristal. Me quedo absorta en mis pensamientos. Repiten una y otra vez las misma pregunta ¿Para qué existo? ¿Cuál es la razón de vivir? Me llevo el popote de plástico a la boca. Me regaño por olvidar el de metal. Absorbo la dulce bebida, una mezcla extraña entre café, nuez y chocolate. La ingiero sin pensar, con los ojos fijos en el constante deambular de las personas. ¿Tendrán ellos una razón de…

  • Microcuento #5: Luces de noche

    Metió la linterna, un repuesto de pilas, botana para el camino, un refresco de cola, su libro favorito, ahorros y la chamarra impermeable a la mochila. Acomodó el sleeping bag mientras veía su computadora para rectificar que hoy era el día. La apagó y miró su cuarto lleno de posters del espacio por última vez. Ni siquiera se despidió de la familia, total, ellos nunca notaban su presencia. Estaría mejor sin ellos. Subió a la bicicleta, se acomodó la gorra, rascó su escasa barba y comenzó a pedalear. Cuando llegó a la cima de la colina más lejana se sentó para disfrutar del atardecer que se ocultaba entre los distantes…

  • Goshuin

    Microcuento #4: Goshuin

    Goshuin Mi hermana me regaló la libreta. La portada de madera tenía escrita la frase «The life is beautiful even with mistakes». Su interior era de hojas color blanco. —Para cuando hagas tu viaje —me dijo —, y relates en él lo que vivas a diario. Poesía o un diario, el cuaderno aún desea ser llenado. Sigue guardado, a la espera de ese viaje que no se ha concretado. A Japón no iré a escribir, sino a ilustrar sus hojas con sellos de los lugares turísticos, con los goshuin de cada santuario.

  • Cuento finalista Premio Ariadna 2018: Nuestra boda

    Nuestra boda Un amor imposible, un amor retorcido; no hay ninguna diferencia, en los dos alguno siempre tiene que sufrir. Rosée   Cuando mi hermana nos anunció la gran noticia en la cena, sentí cómo el alma se me salía del cuerpo. Dejé caer la cuchara que hizo un sonido metálico cuando chocó con el plato de cereal que tenía enfrente. Mi madre la abrazaba y millones de felicidades le salían de su boca acompañados de sonrisas que se me hacían repugnantes. Mi padre, en cambio, no terminaba de digerir lo que sus oídos escuchaban y no se había percatado de que la cuchara con la que se servía azúcar…

  • Microcuento #3: Tan sólo un sueño

    Desperté del sueño al sentir que algo húmedo rozaba mis pies. La noche se reflejaba en el mar, mostraba la ilusión de que el cielo jamás terminaba. Una galaxia violácea adornaba la penumbra.  Los astros rosados y azules giraban alrededor de su centro brillante, atemorizador, cautivador. La fina arena en mis pies brillaba como estrellas caídas. Me senté para disfrutar de la serenidad, del sonido del silencio, de ese sueño magnífico del que deseaba jamás despertar. Una sonrisa de plenitud se dibujó en mi rostro. Nunca había sentido tanta paz. El momento fue interrumpido por lágrimas que se derramaban brillantes como el reflejo de la luna en el la espuma…

  • Vida diaria: Premio Ariadna de cuento 2018

    El camino del escritor puede ser fácil, pero la verdad es que no y menos en México, donde el arte apenas está empezando a tomar forma; donde apenas se está tomando en cuenta. Es muy complicado subir o hacerte notar si no tienes contactos, sino sabes cómo es el mundo editorial o si no tienes idea de marketing o de cómo publicitar tu libro. Es muy difícil, para mí lo fue, lo es y lo será. Pero siempre existe una posibilidad de darte a conocer, de que los textos que escribes salgan a la luz y poco a poco empezar a formar el camino que tanto ansías y deseas. No…

  • debajo de la cama

    Cuento #4: Debajo de la cama

    Me decían que tuviera cuidado al entrar a esa casa, pero nunca hice caso. No tenía miedo. Preparé algunas cosas para mi expedición. Celular, una linterna y mi cámara fotográfica. Si esa niña existía, debía tener pruebas de ello. Sería la única persona que se atrevería a demostrarlo. Esperé la noche. Atravesé la reja destruida, atravesé el jardín y entré a la casa por una ventana rota. Las sombras me tragaron por completo. Mi linterna nunca prendió. Con la pantalla del celular caminé lentamente. No veía nada. Tropecé varias veces, cada sonido me alteraba. No sé cuánto tiempo estuve dentro, recorrí como pude los rincones y tomé algunas fotografías, pero…

  • Cuento #3: El día en el que creí perderte

    La tierra se movió de repente. Nadie se lo esperaba. Un terremoto que destruyó edificios, casas y familias. El terror fue sofocante, como el calor que hizo esa tarde de verano. No conocí la desgracia hasta que salí del subterráneo y me di cuenta de la realidad. El pánico de las personas era respirable, palpable; casi material, como si le pudiera moldear una forma y un aroma, incluso un color, igual al de la pantalla verde del celular que parpadeaba debido a los mensajes que me llegaban sin parar, incluido el tuyo. —Responde, Rosée. ¿Cómo estás? ¿Todo bien? Dibujé una sonrisa a pesar de la pena que flotaba alrededor. Te…