Nefelibata
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¡Delirios de un corazón roto por fin está terminado!

Así como lo leen. Después de más de un año, mi novela «Delirios de un corazón roto» está terminada. Según las propiedades del documento, éste lo cree el 29 de enero del 2019. La verdad es que no recuerdo ese día, sólo sé que tenía que escribir esta historia y que, después de casi 14 meses, pasaron cosas tan increíbles y horribles que me encantaría relatar.

Proceso de Delirios de un corazón roto

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Todo empezó cuando tuve el corazón tan lastimado que sangraba por montones y por todos lados. La única forma que encontré para curarlo fue a través de la escritura —por eso salió Espejismos—; además de que necesité de un viaje y de alejarme de la realidad por un momento para poder sanar.

La historia no la tenía bien definida. Al principio serían una serie de cuentos que escribí debido a lo herida que estaba en ese momento. Estos cuentos eran pensamientos míos, sueños o delirios que me inventé debido a lo mal que me encontraba. Esos borradores aún los tengo, puede que en algún momento salgan a la luz; todavía no lo sé.

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El mejor regalo de cumpleaños es el primero que escribí. Dice que el documento lo creé el cuatro de diciembre del 2017. Después escribí La batalla y la guerra el 10 de marzo del 2018. Posteriormente Give me love el 22 de julio del 2018. Y al final, Ilusión y Amnesia, el primero el seis de mayo del 2019 y el segundo el siete de mayo del 2019.

Como les digo, mi idea era hacer una recopilación de estos cuentos, pensamientos y sentimientos y hacer una antología; pero después la idea idea se transformó y se convirtió en novela. ¿Cómo llegó esa idea a mí? No lo recuerdo —creo que debería de anotar cuando se me ocurren las ideas ja,ja—; pero por alguna razón decidí que este nuevo proyecto trataría de una mujer que, al tener el corazón lastimado por un joven llamado Adam, tendría delirios, sueños y pensamientos que cambiarían su realidad para hacerla un poquito mejor.

De ahí pensé en el nombre: Delirios de un corazón roto, el cuál, su nombre final será: Nefelibata. Delirios de un corazón roto.

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Después me puse a armar la historia, a pensar en cómo sería, de qué trataría y por supuesto, el orden en el que esta serie de cuentos serían presentados en la novela. No todos aparecen y otros los fui creando mediante me imaginaba la historia. Como dato adicional, muchos de los títulos originales se quedaron como título de sus respectivos capítulos.

A empezar a escribir

Después de que ya tenía todo acomodado, el cómo sería la historia, el final y los personajes; la escritura empezó a fluir. Por momentos dejé abandonada la historia. No quería continuarla. Por otros no dejaba de escribir y las palabras salían sin control y se registraban en la computadora. A veces lloraba mucho mientras la escribía y la mayoría del tiempo empecé a creer que no era una buena historia, que no valía la pena y que se me hacía muy tonta, infantil y que a nadie le gustaría.

Por mucho tiempo dejé de escribir y me concentré en otras cosas: viajé a Japón por tercera vez, saqué mi cuento Chiyoko y me concentré en su publicación, escribí otras cosas sobre mi viaje; leí, escribí otras cosas: poesía, posts para el blog y distintos pensamientos. Pero Delirios seguía ahí, esperándome. Tenía el esqueleto; sabía de lo que trataría cada capítulo y conocía muy bien los delirios que la protagonista, Olivia, tendría a lo largo de la historia.

No podía dejarla. No podía abandonarla. Así que, un día empecé a escribir, a continuar donde la había dejado y las palabras no dejaron de fluir hasta que el 11 de abril de 2019, coloqué la última palabra en el texto y di por terminada la novela.

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Pero ahí no terminó todo, venía la fase que menos me gusta, más me desespera y que es tan necesaria como el simple hecho de escribir.

La fase de corrección

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En total, Delirios la he corregido cinco veces y sí, ya me desesperé un poco el leer y releer las mismas líneas por cuatro —y quizá—una sexta vez.

La primera revisión fue para ver algunas datos importantes que no tenía claros y que debía de prestar atención. Anoté en varias hojas, fechas, nombres, situaciones y sobre todo, aspectos que debía incrementar, indagar, quitar o explicar mejor.

La segunda le agregué esos datos y, de paso, empecé a revisar la ortografía y redacción. Mientras hacía este chequeo, me di cuenta de varios errores que tenía y que debía indagar más en algunas situaciones. Que el inicio no me gustaba y que debía ser clara desde el principio. Tenía que corregir la manera en que hacía los enlaces entre la fantasía y la realidad y, como en todas las correcciones, quitar, cortar, agregar, describir y volver a empezar.

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La tercera revisión ya fue menos pesada. Todo tenía un orden, mantenía las cosas que deseaba contar, la forma en que deseaba expresar los sentimientos y el camino que la novela llegó a un final que no me convencía del todo, pero que, al menos, ya tenía final.

La cuarta fue la más bonita, pero al mismo tiempo, la más estresante. Fue cuando mis lectoras cero leyeron mi escrito. Nos reunimos una vez por semana —después dos veces— para leer los capítulos, para ver qué errores cometí, dónde le debía meter tijera —otra vez— y dónde debía agregar o modificar la historia —otra vez—. Fue muy hermoso ver las reacciones de mis lectoras, el hecho de que querían saber más sobre Delirios, el cómo se emocionaban y sus palabras de aliento. De verdad creía que esta historia era una basura —y por momentos me regresa ese pensamiento horrible—; pero gracias a sus consejos, su lectura y sus palabras maravillosas, mi confianza prosperó y, cuando leyeron la última frase del último capítulo; sus palabras me animaron tanto que ahora ya no tengo pavor, sólo un poco de miedo.

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Después de tener todos los capítulos con sus anotaciones, llegó la quinta revisión. Corregir un par de palabras, comas y ese final que no me convencía del todo. Gracias a ellas supe qué era lo que me faltaba y cuando lo corregí y obtuve aplausos por parte de ellas, mi corazón se aceleró de emoción que quise llorar.

Después de un año de aumentarle, corregirle,desistir, llorar, enojarme, procrastinar y volverlo a intentar; puedo decir que «Nefelibata. Delirios de un corazón roto», está listo en un 99% —porque aún me falta cambiar unas cosas nimias del final—.  Pero ya está. Delirios ya es una realidad y tras ser 108 páginas, compuestas con 35,293 palabras; la novela pasó a tener 162 páginas y 49,920 palabras. ¡Nunca había escrito tanto!

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Ahora sólo falta enviarla a concurso. Si gano será una bendición y si no, de todas formas «Nefelibata. Delirios de un corazón roto», será impreso —dependiendo de si gano o no el concurso— este año o a principios del que viene. Como siempre, yo los mantendré informados.

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